Les
invito a disfrutar de las maravillosas letras taurinas y otras no taurinas de mi amigo
Rera.Para los que me han preguntado quien es Arturo Reyes Razo, solo puedo decirles
que es un personaje, que en definitiva es un ser de otra galaxia que solo viene
a entregarme sus colaboraciones, cualquier comentario pueden escribirle a su correo, se encuentra al final de cada texto.
Estén pendientes !!!
¡Gracias Pierre…!
Cayó el telón de los XXIX Juegos Olímpicos en Beijing., que la verdad sea dicha, nos dejaron con la baba de fuera, ante la demostración –probadita, diría yo-, de la milenaria cultura china. Desde la inauguración que fue todo un dechado de arte, luz, colorido, precisión en todos y cada uno de los actos, hasta el descubrimiento de cómo sería el pebetero y la forma en que se encendería la llama olímpica. Por estar en China, pensé que el primero, tendría una forma de dragón, el animal más simbólico del país, pero no, como siempre, mis pronósticos van a la baja. Los aportadores a la humanidad de los descubrimientos más importantes, no podían olvidar uno de ellos, el papel. Y desde mi óptica, el pebetero lucía una forma de cucurucho, sobre todo, que instantes antes de ser encendido, a lo largo de todo el “Nido del Pájaro”, se fue viendo el pergamino en donde ya estaban plasmados sucesos olímpicos. Luego entonces, el pebetero sencillamente era la culminación del papiro en esa forma, un cucurucho.
Hermoso fue todo el desarrollo de los Juegos, con marcas como la de Michael Phelps, que nada más el solito, tiene más medallas doradas que Méjico en toda su historia olímpica. Vimos la belleza de Yelena Isisnbayeva, la joven rusa que dejó una nueva marca en salto de pértiga, con sus 5.05 metros; atestiguamos la aplanadora de pista en que se convirtió Jamaica, en ambas ramas; la confirmación de Rafael Nadal, al obtener el oro en tenis, disciplina en donde también el suizo Roger Federer demostró el mal año que ha tenido, así haya ganado en singles la presea dorada; la estrepitosa caída de la otrora máquina gringa en pista y campo, en donde sencillamente hicieron el ridículo, compartido con Méjico en donde hasta el momento sigo sin entender al marchista en veinte kilómetros de caminata, Eder Sánchez, al que le pegaron agruras allá por el kilómetro once y que además, las agruras repercutieron en calambres. Esto es lo que me suena ilógico. Sencillamente no puede ser que una atleta de alto rendimiento, salga con su batea de babas con excusas de esa índole. Todavía no me cae el veinte, palabra, como tampoco me explico la actitud antideportiva del cubano Ángel Valodia Matos, taekwondoín que le sorrajó tremendo patín al árbitro, que lo descalificó luego del combate ante el kazajo Arman Chilmanov, en la categoría de 80 kilos y en donde iba de por medio la medalla de bronce; me quedé de a seis también cuando veo al sueco Ara Abrahamian depositar su medalla en el centro del área de combate, y que había ganado en lucha grecorromana. Ambos atletas fueron castigados de por vida por el COI por su actitud antideportiva. Me encantó ver a las meshicas Tania Ortiz y Paola Espinosa, obtener el bronce en clavados sincronizados, y me estremecí al oír el Himno Nacional y ver a nuestro Lábaro Patrio subir a lo más alto con los triunfos de Guillermo Pérez y María del Rosario Espinosa, en taekwan do, y que significan las dos medallas doradas para Méjico.
Es cierto que dos medallas doradas es poca cosecha para una delegación de ochenta y cinco atletas, sobre todo cuando se infiere que va lo mejorcito que tiene el deporte meshica, los bien preparados y mejor entrenados para alcanzar el podio luego de disputar codo a codo con sus rivales las preseas en disputa. Pero no. Nada de eso sucede. Es una lástima que vayan atletas-turistas nada más a darnos y ponernos en vergüenza ante el mundo. Mucha culpa tienen los directivos de todas las federaciones. Por ejemplo, se menciona que a la china que ha llevado a Paola al podio ya lo quiere correr Felipe “Tibio” Muñoz y el Presidente de la Federación respectiva. La pregunta es, para poner a quién, a un cuate, a un ñero, sin duda alguna, porque si se tratara de traer a alguien que mejore el trabajo de la oriental, pues bienvenida, pero no es así. Sencillamente no la quieren y punto.
Hace cuatro años, también sentí una vergüenza del tamaño del mundo. Y sucedió en la prueba de caminata, porque al paisano que nos representaba, ¿no le va dando chorrillo en plena competencia? Dios mío, díjeme en esos críticos momentos, es gacho y penoso a la vez. Cuatro años después, también en la caminata, resulta que a Eder Sánchez ¡le pegan agruras y éstas le producen calambres! La pregunta es cuántos tacos de nana, buche, machitos, suadero se llevó, los recalentó en la Villa Olímpica y unas horas antes de participar en la justa deportiva, atiborró su barriguita. Nomás le faltó el rico tlachicotón para estar completo. Por cierto, quién me puede explicar eso de que lasa agruras producen calambres, como dice el jovenazo Sánchez. Digo, porfitas, que alguien me lo explique con toda nitidez. Se agradecerá infinitamente.
Ante tales petardos, prefiero quedarme con los atletas ganadores, sin importar nacionalidades. Lamento mucho los percances sufridos en plena competencia, como le sucedió al húngaro Janos Baranyai, quien al momento de tratar de alzar los kilos –halterofilia o levantamiento de pesas-, sufrió la dislocación de su codo derecho y cuya imagen le dio la vuelta al mundo y las que se registraron en diversas competencias. Lamentables todas ellas, pero finalmente, habrá que aceptar que forman parte del deporte, del evento en sí.
Pero por encima de todo, debemos agradecer a Pierre de Coubertain, el hacedor de los juegos olímpicos de la era moderna y sin cuya valiosa idea llevada a la práctica, difícilmente hubiéramos disfrutado de tan bellos espectáculos. Vamos, hasta la clausura, en donde una vez más, los chinos nos dejaron plena constancia de su milenaria cultura.
Ciertamente, queda muy alto el listón para los británicos, en cuya ciudad, Londres, es la próxima cita para el 2012, que de hecho, ya está a la vuelta de la esquina. Cuatro años se van en un abrir y cerrar de ojos y para la que ya se preparan los deportistas del mundo para alcanzar los máximos honores.
Lamentable, porque ya lo veo venir, que Rosario la vaya a agarrar el gobierno del estado como estandarte sistemático durante los próximos dos años, para decir que “es el orgullo de Sinaloa” “esta es la gente de Sinaloa”, “este es el verdadero rostro de Sinaloa”, para contrarrestar la ineficiencia de las autoridades para combatir la delincuencia. Ya lo veo venir, ya lo veo venir. Y si no, al tiempo.
Pobre de Rosario, porque la van a traer de la Ceca a la Meca.
Y reitero, al tiempo.
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Humberto Flores y sus sueños de Gloria
Cierto es que el toreo es la profesión más difícil de todas las que existen. No es nada fácil llegar a ser figura de la Fiesta, y menos cuando en el arduo camino se encuentran miles de obstáculos, muchos de ellos colocados por los propios protagonistas, es decir, por los toreros, lo que es comprensible hasta cierto punto, sobre todo cuando enfrente tienen a un colega que les aprieta, que les disputa las palmas del aficionado, del tendido; toreros que no tan fácilmente se dejan ganar la pelea en el ruedo, en donde finalmente es donde se demuestra quién es quién en la Fiesta.
En esta tesitura se encuentra, o mejor dicho, ha transitado desde siempre el matador de toros jalisciense Humberto Flores, quien el próximo 24 de éste hará realidad uno de sus sueños: confirmar su doctorado en Las Ventas, de Madrid, de manos de Francisco Marco y como testigo Francisco Javier Hábeas, quienes despacharán un encierro de Alonso Moreno de la Coba.
Antes de que emprendiera el vuelo hacia tierras hispanas, eché mis calcos hacia los Viveros de Coyoacán, a ese precioso pulmón que hay en el sur de mi pueblito y en el que en verdad, se respira aire puro, amén de que es punto de reunión de miles de gentes que diariamente acuden a hacer ejercicio.
Ahí, en el centro de ese enorme pulmón de hermosa vegetación, me encontré con el matador Humberto Flores, entrenando a conciencia para esa su única experiencia: la confirmación de alternativa.
Cierto es también que previo a su periplo, el diestro nativo de Ocotlán, había toreado poco. De hecho no se le vio colgado en los carteles de la feria de Aguascalientes. “Por lo de siempre, por la misma razón –me comenta en un breve descanso de su arduo entrenamiento-, y que ya conoces”. Sí, ciertamente,
por las mismas razones que tienen nombre y apellido. La eterna obstinación de algunas “figuras” a no compartir cartel con el matador jalisciense, por ser un torero que aprieta, que resulta incómodo, sencillamente porque no da ventajas y sale a buscar el triunfo.
Este Humberto Flores –el primer y único diestro que ha indultado un toro en la plaza “La Sinaloense” y al que tuve el regusto de bautizar (al toro, que conste), con el nombre de “Tacuarinero”, al que le ha cuajado una enorme faena con la que se le perdonó la vida al noble y bravo astado y regresó a los campos de Cobarruvias, dehesa de la que provenía.
“Además –me dice-, también tuvo mucho qué ver en este hecho que desde el momento en que se me planteó la oportunidad, aposté todo a Madrid, por eso también opté por prepararme más para llegar lo mejor posible, al cien por ciento, a Madrid”.
Humberto Flores, como ya es de sobra conocido, fue el triunfador en la pasada temporada grande en la Cazuela de Insurgentes lo que le valió actuar más tardes que en años anteriores, en cosos del interior del país. “Sí, eso es cierto, me dice, tuve oportunidad de vestirme de luces más tardes que en años anteriores, pero con todo y los triunfos logrados en la México, todavía se me tapa en otras ferias que también son importantes en nuestro país, por las mismas razones que ya conoces”.
Sin embargo, como dice el refrán del pueblo, “a mal tiempo, buena cara”, y de ello Humberto sabe un rato largo porque en verdad que jamás se le ha visto cabizbajo y sí en cambio con el ánimo por los cielos, sobre todo ahora que está por hacer realidad uno de los sueños que todo matador de toros tiene desde la primera vez que se viste de seda y oro: confirmar en Las Ventas, en Madrid.
Sabe que el compromiso es difícil por todo lo que representa en su carrera como matador de toros, por ello se prepara arduamente ahí, en los Viveros de Coyoacán, en donde una y otra vez, cuando está en la gran urbe, se le ve perfeccionando sus muletazos, “porque luego lo hago ante las vaquillas, a las ganaderías en que voy a tentar y en donde tengo oportunidad de afinar el toreo que me gusta, que es el clásico, el artístico", dice.
Por eso una y otra vez, quien le hace de toro, le insiste en que la muleta la debe dejar ahí, al terminar un muletazo, para engarzar el siguiente pase, “eso gusta mucho en Madrid”, “pues también a mí –dice Humberto- y eso lo hago siempre”, “pero ahora tienes que hacerlo con más temple, así, despacio, llevando al toro más metido en la muleta”.
Y como Humberto tiene hambre de gloria, sencillamente la transmite a los tendidos. Ahora mismo ya se encuentra en España esperando convertirse en el matador de toros mejicano número setenta y uno en confirmar su doctorado en la venteña plaza madrileña y que se inicia con Vicente Segura el 6 de junio de 1907, seguido del Califa de León, Rodolfo Gaona. Luego, en la fructífera década de los treinta –también del siglo pasado-, fueron varios los diestros aztecas que confirmaron su borla de matador de toros, Lorenzo Garza en 1934, hasta situarnos en el 2007, en que José Luis Angelino lo hiciera el año pasado.
Humberto Flores tomó la alternativa el 14 de noviembre de 1993 en la plaza Alejandra, de Durango, de manos de Jorge Gutiérrez y como testigo Eulalio López "Zotoluco" con el toro Maestro de la ganadería de Teófilo Gómez.
La confirmó en la plaza México el 30 de enero de 1994, de manos de Guillermo Capetillo y de testigo Jesulín de Ubrique con el toro Mañanero, de la ganadería de Valparaíso.
Así pues, ya le estamos deseando la mejor de las suertes al diestro jalisciense, quien dependiendo del resultado del festejo, podría sumar por ahí algunas tardes en la temporada española, sobre todo ahora que ha entrado si no en su recta final, sí va en camino de ella, pero todavía quedan por ahí plazas y ferias que bien pudiera pisar Humberto.
¡Suerte. Torero..!
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Gasolina y medallas
Recibo una invitación de mi entrañable amigo El Maquintosh, en donde me suplica muy atentamente, unirme al movimiento universal a no comprar gasolina el próximo 3 de agosto, fecha en la que me hace saber, los ciudadanos del mundo tomaron esa sabia decisión, para evitar que el energético siga su desbocada carrera alcista.
Menciona mi cuaderno en su atenta invitación, que por ningún motivo adquiera cualquier cantidad de este energético, para que los grandes gandallas que lo detentan, vean y sientan que la raza está unida y que al menos ese día, sus ganancias se verán mermadas. El texto que me hace llegar, también dice –en profusas letras rojas y azules-, que no adquiera mayores volúmenes que los que normalmente utilizo para movilizarme, que el citado día es domingo y que es preferible quedarse en casa antes de gastar combustible, por lo que me propone echar a andar la magín para ver qué hago, algo así como una partida de dominó, leer un rato, mirar la telera otro, irme a caminar por el malecón o al Constitución. O séase, todo aquello que no conlleve el consumo de gasolina.
Total, que a todo lo que me propone El Maquintosh, le digo que sí, que ya vas, que unidos venceremos y que la rabieta que harán los gandallas petroleros, al no consumirles ni un méndigo litro gasolina, les repercutirá en sus bolsillos. Sí, le digo a mi amigo, es tiempo de unirnos y de dejar en claro quiénes son los mandones en este mundo, sobre todo en temas como el que nos incumbe. No adquirir ni un mugre litro de gasolina.
Cuando la euforia me pasa, entonces viene lo bueno. Me pregunto, a ver, Figura, para qué carajos quieres comprar gasolina, si ni carro tienes. Recuerdo entonces que formo parte de las brigadas de a pincel, que para movilizarme, tengo que pagar los seis pesotes del transporte urbano –eso si, todos, o al menos casi todos, con aire acondicionado, por lo que la transportación se hace más placentera ante las altas temperaturas que rayan en los cuarenta grados-, y que ese es mi medio de transporte. Reconozco que tampoco es buena idea comprar gasolina para tenerla en casa, porque ninguno de mis aparatos que me hacen la vida placentera, consume este energético.
Entonces, y sólo hasta entonces, me doy cuenta que mi BMW, igualito al que tiene James Bond, permanece aún en la agencia, por lo que no consume todavía gasolina. Así las cosas, le comunico a mi cuis que por ser todavía elemento de la brigada de a pie, por el momento no podré participar en el movimiento universal, que me disculpe el mundo por no aportarle nada al suceso, pero que eso sí, para la otra, espero ya no fallarle. El Maquintosh entonces, también se confiesa y me hace saber que generalmente se desplaza a sus centros de trabajo –debes saber que mi amigo cobra en dos chambas, en las que deja su sapiencia en grandes cantidades, como maestro y como asesor jurídico-, en unos autobuses que les dicen “cholul” o en combis, mejor conocidas como “águilas”. Él paga diez varos, cuatro más que tu Charro Negro. También me dice que cuando por las tardes, en los días que le corresponden, va con los maristas, entonces sí, su ñora le suelta la nave del olvido. Por lo demás, mi buen amigo El Maquintosh también siente que su aportación al movimiento por la no adquisición de gasolina para el domingo, será mínima.
Entonces me pregunta cuántas medallas creo que logrará la delegación mejicana en Beijing y le digo, sin citar cifras, que nuestra hermosa abanderada, ese pedazo de mujer que es la clavadista Paola Espinosa, tiene posibilidades de subirse al podio, y por ahí menciono a la sinaloense María del Rosario, en el tae kwa do, que está que tienta, y alguna más en clavados. Le hago notar que en deportes de conjunto, no tendremos representación y le propongo una selección para el torneo de canicas. Pongo como condición, que en esa selección no estén Roberto Madrazo, por aquello de que le gusta hacer trampa –ya viste las vergüenza que nos hizo pasar hace algunos meses en un maratón, en donde como buen político priista, se fue por un atajo, como en las viejas series del Llanero Solitario, que siempre encontraban uno para llegar primero que los malandrines-, ni Elba Esther Gordillo, porque es capaz de llevarse a sus hordas magisteriales para armar cualquier pancho que le beneficie. Tampoco quiero en esa escuadra al Napo, que fíjate lo que son las cosas, por andar prófugo de la justicia, no tendría que concentrarse en Méjico, sino viajar directamente desde su cubil. En ese seleccionado tampoco tendría cabida el buenazo de Deschamps, el mártir de los trabajadores petroleros. Pongo también como condición que quienes formen parte de esa poderosa escuadra, tiren de “huesito”, porque se verían fatal, quienes lo hicieran de “uñita”, que memoricen: “tengo todas las de mi juego, menos trampa”, para que no los madruguen a la hora de hacer chiras pelas.
Mi amigo me da la razón y también está puestísimo a reforzar la selección meshica de canicas, aunque me da la impresión de que lo único que quiere es pelar gallo en calidad de turista deportivo, para conocer el enigmático país chino.
Por lo pronto, ambos lamentamos no sumarnos a la no compra de gasolina. Tu Charro Narrador, por formar parte de la brigada de a pie, y El Maquintosh, porque sólo le prestan la nave cuando mucho, una vez a la semana.
Ni modo, será para la otra.
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Culiacán y sus contrastes
Lo dicho, Comendador, como dijo Don Juan Tenorio a Don Gonzalo de Ulloa, los contrastes en este Culiacán de mis amores –y ahora de mis temores-, son enormes y en muchos casos, hasta inexplicables.
Explícate esto: en la plazoleta de Catedral de hecho todas las tardes hay música en vivo; chavos y chavas que van y echan sus gorgoritos ya sea con acompañamiento o bien con “pistas”, como también no puede faltar la folclórica tambora sinaloense que lanza a los cuatro puntos cardinales sus alegres e incitantes notas musicales, que a más de un transeúnte se le mueven los calcos nada más de escucharla, y eso que no te comento que los miércoles son de danzón. De ese inquietante y sabroso ritmo que, aunque no quieras, sientes también las ganas de darle vuelo a la hilacha, o lo que es lo mismo, sacudir la polilla muy a las de acá. Miércoles en que la orquesta se arranca con “Nereidas”, clásica entre los clásicos, “Danzones de Lara”, sin omitir aquellos que hiciera famoso el gran Mariano Mercerón, o Carlos Campos o Ángel “Chino” Flores, todos ellos representantes de una brillante generación de maestros de danzoneras.
El público es heterogéneo. Si piensas encontrar a jóvenes de la tercera edad –como ahora se les conoce a los vetarrucos-, pues te equivocas, porque precisamente, esta música, este género, ha logrado penetrar en la juventud, en una población cuya edad oscila entre los treinta a cuarenta años. Es decir, nada que ver con quienes en su momento disfrutaron a lo bárbaro aquellos años en que el danzón estaba en boga. Por eso no deja de llamare la atención que miércoles a miércoles veas una gran asistencia tanto de bailarines como de curiosos que bien pueden llamárseles aprendices, porque van a licar los pasos para luego ponerlos en práctica y estar en condiciones de debutar en sociedad el día de mañana.
Plazoleta de Catedral que también es escenario, al día siguiente, para deleitar a los paseantes, con la música romántica de los tríos, y no veas la que se arma, porque ves a parejas de diversas edades disfrutando de los éxitos musicales que un día logaron “Los panchos” –sí, de Gil, Navarro y Avilés-, o “Los Caballeros” en donde Roberto Cantoral nos regaló “El Reloj” y “La Barca”, que también se convirtieron en grandes éxitos, y qué decir de “Los Tres Ases”, con Marco Antonio Muñiz como primera voz y su “Irresistible” que le diera la vuelta a toda América Latina, y podría seguirte diciendo y hablando del elenco musical que toda la semana se da cita en esa plazoleta de Catedral.
Pero también sirve para que ahí acudan “los hermanos”, cuyas piezas oratorias las escuchas desde dos calles de distancia gracias al megáfono que utilizan para conminarte a volver tus ojos a Dios, a leer la Biblia, a alejarte de los malos pasos en que andas, pillín, porque de lo contrario, te chamuscaras irremisiblemente en cuanto palmes.
Y como esta mi adorada ciudad es también víctima de las grandes batallas que libra el narco organizado, pues también sirve esa plazoleta como punto terminal de las manifestaciones por la paz que se realizan y a las que por cierto, la sociedad civil en las que menos participa, son las convocadas por partidos políticos. Les tienen tirria, las desdeñan, porque sencillamente han sido engañados por la clase política mejicana, porque los ven con desdén, con rencor, con desconfianza porque para la sociedad decir político es sinónimo de pícaro, sinvergüenza, ratero, vividor, come cuando hay, arribista, trapecista, chicharronero, tranza, limosnero –de votos-, hipócrita, falso, cínico y lo que gustes agregarles. Por eso, las marchas por la paz a que han convocado, son desdeñadas por la sociedad civil. En cambio, cuando las convoca cualquier organización, la respuesta es inmediata.
Sin ir muy lejos, el pasado viernes asistí a la presentación del libro de mi cuate Leónidas Alfaro “La Agonía del Caimán”, en el MASIN y cuando el evento terminó, se hizo la chorcha entre los cuates y así, fuimos invitados a la Marcha por la Paz para el domingo a las cuatro de la tarde. No pude ir, pero sí estuve al tanto y luego, el lunes, todos los medios le dieron una amplia difusión. La marcha, que finalmente no fue marcha sino una gran concentración que abarcó algo así como cinco calles, careció de oradores y de templetes. Fue silenciosa, pero impresionante, porque como si fuera un lienzo, a lo largo de las calles se dibujaron los contornos de los más de quinientos muertos que van en este año solamente, abatidos por las balas del narco. Cada silueta llevaba un número y aún permanecen porque además de haber sido pintadas con gis, se remarcaron con pintura de aceite blanca.
No hubo este domingo la clásica música en la plazoleta, porque ahora sí, se coincidió en asistir, en pasar lista de presente en esta Marcha por la Paz. El jolgorio quedó para mejor ocasión. Había que elevar la voz, la demanda, el grito no escuchado por las autoridades –el gober precioso se entretiene haciendo creer que cumple dando seguridad al pueblo, desde la oficina del tercer piso de la Unidad Administrativa, en donde despacha (¿os cae?) y lanzando vacíos discursos, carentes de todo sentido, que son transmitidos por la televisión, en donde pide que estemos abusados y en guardia contra la violencia, y que él pondrá todo de su parte -¿cuáles cuarenta pesos?- para devolver la tranquilidad a Sinaloa -¡ya vas!-, y pone cara de predicamento para que le creamos. Ya ves por qué te digo que la clase política es desdeñada?
Todavía me pregunto, ¿qué evento faltará por realizarse en esa adorada plazoleta de la catedral capitalina? Estoy en ascuas. Te lo aseguro.
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Comentario a distancia
Leo las diversas crónicas que se publican de la corrida celebrada en la Monumental de Las Ventas, de Madrid, en donde José Tomás dicta cátedra de buen toreo y abre la Puerta Grande, al cortar cuatro orejas a su lote de la dehesa de Victoriano del Río; festejo correspondiente a la tercera corrida de Aniversario del coso venteño.
Veo con agrado que toda la prensa española, sin excepción, hacen referencia a la enorme tarde del maestro de Galapagar, quien por cierto, reaparecía en esa plaza tras seis años de ausencia. Festejo por cierto, presidido por su Majestad el Rey Juan Carlos y la Infanta Elena y a quien José Tomás no se dignó brindarle la muerte de ninguno de sus dos toros.
Me gusta la manera en que José Tomás torea con el percal. Su forma de interpretar la suerte elemental con una majeza única. Sus chicuelitas estatuarias, en donde materialmente se embarra al toro en la faja, o esa personal interpretación que le da a la gaonera desde el momento mismo en que se echa el capote a la espalda. Y podría citar todas las suertes que realiza el maestro madrileño, pero sin duda alguna, lo que más impacta es su quietud.
Con la franela el torerismo de José Tomás alcanza su máxima expresión, porque se mete en los terrenos que pocos toreros se animan a pisar porque ahí huele a cloroformo, a quirófano, a carne desgarrada y por ello, muchos toreros optan por sobar al toro y vaciarlo hasta allá para no ver ni pasar complicaciones. José lo hace diferente, apenas y gira las zapatillas para engarzar el siguiente muletazo en un palmo de terreno que a fuerza de ser sinceros pone al aficionado al borde del asiento. El tendido enloquece ante la mágica geometría que dibuja en el albero y en la que el astado va y viene por donde manda y dicta cátedra el maestro madrileño.
Cierto que como suele suceder, y como dice el refrán, José Tomás no es monedita de oro, pero cierto es que con “Dakar”, el de su reaparición luego de seis años del coso más importante en España, marcado con el número 136 y con 525 kilos encima, José dijo a la afición que seguía incólume su afición y su valor, que su torerismo había madurado y que iba a por todas desde el momento en que abrió el capote, para con la muleta, trazar series de naturales y adornos que, compaginados, significó una bella faena en la que el tendido ya estaba enloquecido. Estoconazo que le provoca salir trompicado y que en ese instante en que recibe el golpe, le lleva a extraer parte de la toledana, pero al que el Presidente poco interés le mostró sobre todo porque el albero se blanqueó de manera instantánea, incluso los del Tendido Siete, que es si no el más conocedor, sí el que más grita y vocifera por cualquier cosa, pero que en esta ocasión, por esa enorme faena, también se unió al resto del tendido.
Pero para mi gusto, me quedo con la segunda faena, la que le ha cuajado a “Comunero”, que nada más pesó 536 kilos y lucía el número y que la ha iniciado con una serie de estatuarios realmente escalofriantes para luego engarzar muletazos en un palmo de terreno, y pese al viento que le molestó, José Tomás ni remotamente mostraba inquietud alguna. Sí, fue una faena en la que todo el tendido de Las Ventas llegó al paroxismo. “Tendido Cero” nos ha mostrado esas dos piezas de toreo puro, torero verdad, pero como digo líneas arriba, José Tomás no es monedita de oro, por eso resulta hasta cierto punto comprensible el comentario que hace José Antonio del Moral, uno de los más afamados críticos, que muestra desde sus primeras líneas, su inclinación y favoritismo hacia quien no hacía tercia en esta corrida de Aniversario: Julián López El Juli, a quien Del Moral le dedica loables comentarios, sin, repito, formar parte del cartel. A eso le llamo echar tomate a lo baboso, con todo el respeto hacia Del Moral, pero no se vale minimizar un triunfo que sólo él no quiso reconocer. Así, cómo pues.
Por cierto, Javier Conde y Daniel Luque, éste toricantano que confirmó su doctorado, estuvieron bien a secas. La tarde tuvo un nombre y un triunfador que salió en volandas: José Tomás.
Por estos rumbos meshicas, leo que José López Hurtado, uno de los propietarios de la plaza de Tijuana, anuncia que la temporada en ese coso ha terminado y de ello culpa a Eulalio López “Zotoluco” al que lo que menos lindo le dice, es que es irresponsable y que cobra mucho sin desquitarlo. Además, dice que el torero chintololo le pide cambiar carteles y que así no se puede. Le molesta que Lalo haya emprendido el viaje a España para estar en San Isidro en calidad de turista. Total, Tijuana se suma a las plazas en donde la Fiesta se termina. Cierto o falso lo que dice López Hurtado, nos lleva a la conclusión de que una fuente se cierra y quién sabe para cuándo vuelva a abrirse. Paro que va en detrimento no una empresa, ni de un torero específico, sino de la Fiesta en general, lo que además, difícilmente producirá los toreros que Méjico necesita. Ni modo.
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Lechuzo, gracias por los recuerdos…
Pues hete ahí que me encontraba centrado en lo que decía la Orden del Día, cómo se desarrollaba la sesión ordinaria de la Diputación Permanente de esta LIX Legislatura, cuando irrumpe el buenazo de “El Lechuzo”, periodista de la vieja guardia, de los buenos, de los que buscan la noticia, “la exclusiva”, “la de ocho”, como reza el eslogan periodístico, y no como los de ahora que lo mismo les da “informar” una nota no reporteada por ellos y que les pasaron otros “comunicadores” igual de wevas que ellos. Este “Lechuzo” no es de eso, me consta. Es cierto que como futbolista le falta mucho, sobre todo disciplina, porque al primer encontronazo, es de los que sueltan patadas a lo wey, haciéndose expulsar, pero como cuate, mis respetos, es otro rollo este Lechuzo.
Pues resulta, te digo, que mientras más centrado me encontraba en mi trabajo, llega mi cuate y sin mediar saludo me espeta: “¡oye, no sabía que tu madre hacía charamuscas!” Lo confieso, las palabras del “Lechuzo” me agarraron fuera de base o con la guardia baja –y mira que Felipe Calderón ha dicho que no nos deben agarrar así, pero me descuidé momentáneamente y ni modo-, “sí, contesté” y en un instante evoqué aquella mi infancia en el hogar paterno, allá en la tres veces H. Colonia Anáhuac, en mi adorado pueblito, y me vi “boleando” aquellos colchoncitos bicolores que cortaba matemáticamente Don Miguel, para hacerlos bolitas de dos centímetros de diámetro, aproximadamente. O bien torciendo la tira de dulce de la que minutos más tarde saldrían las charamuscas, o con el soplador, aventándole aire a esos colchoncitos de dulce que eran las “trompadas”.
Evoqué esos momentos compartiéndolos con mi buen “Lechuzo”. “Sí, pero no sólo mi madre los sabe hacer. De hecho, todos en la casa hicimos dulce, porque fue el oficio de Don Miguel que le permitió sacar adelante a su familia”, comenté y sin querer, vi mis palmas, aquellas que en mi infancia siempre mostraban las ampollas que el dulce caliente me sacaba. “¿Y qué otros dulces hacían?”, pregunta mi amigo. Y recuerdo-comparto-respondo: “higos y calabaza cubierta; charamuscas rellenas de coco o de nuez, o bolitas de leche con nuez, o…”
Y veo a Don Miguel en aquella cocina en donde en ningún tiempo había más luz que la del brasero –todavía no me explico por qué nunca hubo un foco-, espacio en el que nos movíamos sin problema alguno para desempeñar las diversas actividades que iban desde “hacer la lumbre”- usábamos ocote y cuando no teníamos, recurríamos al papel periódico-, poner el cazo con agua para cuando llegara mi padre con el piloncillo, soplarle al brasero con aquellos sopladores de palma –creo que costaban un peso en “La Guerrerense”-, hasta que las morenas barras partidas por la mitad del dulce, se derretían y luego les echábamos el azúcar y a mover con las palitas, hasta que agarraban su punto. Entonces venía lo bueno, porque había que trabajar el dulce rápido y así, en caliente, literalmente. Por eso nuestras manos, las de Doña Eloísa y de Don Miguel, y la de todos mis hermanos. Sí, todos aprendimos el oficio de mi padre y hasta la fecha, cuando me apetece, hago esas ricas bolitas de leche con nuez, que son, como dice la Bella Lalis, unas albricias para el paladar. Fueron muchos los recuerdos que el buenazo del “Lechuzo” me hizo extraer del arcón de mis tiempos; esos en que me veía con Miguel, picando la calabaza luego de que se había cocido, para prepararla para cubrirla con la panada -¡caracoles, señor Wilson, cuántos años sin citar esta palabra, archivfada en el disco duro de mi memoria y en este instante aparece nítida, clara, sin necesidad de esforzarme para traerla a mi presente!-, panada que también se usaba para los higos cubiertos, como también me veo cortando las charamuscas cuando Don Miguel me lo ordenaba –pero eso lo hacíamos todos, Miguel el júnior, tu Charro Negro y José Luis. Mis hermanas se limitaban, cuando mi padre recurría a su ayuda, a mover el cajón de las bolitas, o a soplarle a las trompadas, y pocas veces, en verdad, muy pocas, las veías boleando. Mi padre siempre cuidó en ese sentido a mis hermanas, pero ellas también, cuando era necesario, también se metían a esa oscura cocina.
Sí, fue el oficio que mi tío Ignacio le enseñó a Don Miguel cuando dejó su Zinacantepec amado, en donde desde niño conoció lo que era trabajar para ganarse el diario sustento, con Don Santos, un abarrotero que le enseñó a despachar tlacos y centavitos de manteca o de café o de azúcar, o fanegas de maíz y arrobas de frijol; oficio que le permitió acercarse en su juventud a una mujer de inigualable belleza –Eloísa Razo Bobadilla-, a la que desposó para procrear una numerosa familia, y a la que le enseñó también el maravilloso oficio de hacer dulces.
Este “Lechuzo” me hizo traer al presente, a mi presente, esos recuerdos que estaban ahí, guardados. Sin embargo, no dejó de extrañarme cómo se había enterado mi cuaderno de ese pasaje de mi existencia, “lo publica El Sol en la entrevista que le hizo tu hermano Miguel a Jacobo –Zabludovsky, a quien Miguel considera como su Maestro en el periodismo y con tuvo el privilegio de trabajar en aquel telediario que ha sido el más célebre en la historia de la televisión mejicana: 24 Horas-. Hay una parte en la que Jacobo le pregunta “a ver, Miguel, háblame de tu mamá, ¿sigue haciendo charamuscas todavía?” y tu hermano le contesta que ya no, que ella y tu papá les enseñaron a hacer dulces”.
Sonrío con alegría, pero con un dejo de nostalgia por aquellos hermosos días en que aprendí, como todos mis hermanos, la magia de hacer dulces que luego vendíamos –nosotros, en vacaciones-, en aquellos abarrotes que estaban sembrados en las hermosas calles de mi no menos bello pueblito, “¿y a cómo las daban?”, me cuestiona mi cuais con los ojos muy abiertos, como no dando crédito a mi relato, “veintiocho por un peso con cuarenta de ganancia”, respondí de inmediato.
Carlos, mi amigo “Lechuzo” habla también de aquellos tranvías y trolebuses que en esos años circulaban por las calles del inmenso pueblito. Él proviene de una familia también trabajadora, y es de allá, sólo que su destino, como el mío, nos trajo a esta bella ciudad de Culiacán, en donde ahora nos ganamos el uno veinte.
Recuerdos que brotaron solos, como por arte de magia, y que forman parte de mi historia y de la que me siento feliz y muy, pero muy orgulloso, aunque ahora mis manos ya no muestran las ampollas de mi niñez, de mi alegre y feliz niñez.
¡Gracias, Lechuzo, por hacerme evocar esa mi hermosa infancia..y si es permitido, diría como colofón: mi dulce infancia!
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Miércoles 28 -¡faltan dos para el Gran Día-, de mayo del ‘08
De sorpresa en sorpresa
Leía cómoda y tranquilamente en el metro de mi pueblito, cuando de pronto, exactamente a la altura de mi oído izquierdo, escucho las notas musicales de una rola interpretada por el gran Andrea Boccelli, que ciertamente me gusta, pero nunca creí que lo tendría tan cerca. Alzo el rostro y veo a un chavo no mayor de una peseta de años, con un aparatito así de chirris en el que coloca el disco compacto y la mochila colocada en la espalda, contiene una bocina, “llévese su disco con los mejores éxitos de Andrea Boccelli por diez pesos, llévelos por diez pesos, diez pesosssss”, es su pregón, mientras avanza a lo largo del vagón, invadiéndolo con el vozarrón bocceliano.
Creo que mi sorpresa ahí concluye y trato de sumirme nuevamente en la lectura, pero, ¿qué crees?, entra una doñita, también mochila al hombro, ofertando su mercancía de las de acá: “¡Llévese tres y pague dos, sus chocolates para endulzar el día, llévese tres y pague doooooossssss por cinco pesooooos!”, ofrecimiento que hace mientras avanza balanceándose a diestra y siniestra, mujer bajita y morena, como el color de mi tierra, a la que sigo con la mirada.
Ese es el diario acontecer en el Metro de mi pueblito. Ese que creí olvidado o cuando menos, superado, sobre todo cuando escucho los ambiciosos programas generadores de trabajo para miles de meshicas que perviven así, vendiendo lo que estiman puede ser de consumo por el pasaje del Metro. Veo a esa gente que desde hace buen rato, y con ello quiero decir un buen número de años, mucho antes de que llegara a la presidencia Vicente Fox, con ése pomposamente llamado “del cambio” y su continuación con Felipe, y la verdad es que no veo nada en claro. Por el contrario: veo a paisanos todavía ganándose la chuleta como tragafuegos en las esquinas, niños -¿cuáles planes escolares para ellos?-, disfrazados grotescamente de payasos que imitan actos circenses mientras el semáforo está en rojo, con la esperanza de obtener una moneda de los automovilistas. Veo esos cuadros y siento pena y rabia y coraje, además de indignación luego de leer que el gober precioso de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso gana en promedio ¡setenta y nueve mil pesos diarios! Hace rato que no piso esa hermosa tierra, pero puedo apostarte, doble a sencillo, de que en la tierra del gober mejor pagado del país, existen estos cuadros de miseria que deberían ser como un latigazo en su rostro.
Situaciones idénticas son las que veo en mi pueblito amado. Miles de meshicas dedicados al trabajo informal, porque no tienen un empleo fijo que les garantice además de un salario, el acceso a la medicina social, a la educación –aunque como está la educación en estos momentos, acaso sea mejor otra opción; los discípulos de la Gordillo están por la calle-, y ahí van, de vagón en vagón del Metro, ofertando diversos artículos, esos que les permitan ganarse unas monedas para sobrevivir en esta macrocrópolis. Salgo del Metro y ahí, en el ahora denbominado Centro Histórico, veo con asombro a un personaje que me produce un sinfín de emociones: el organillero. Claro está que para dejarse tomar una fotografía, tienes que mocharte con unas monedas. Se las doy –las monedas, que conste-, a su pareja y entonces, sólo hasta entonces, accede a posar dándole vueltas a la manivela con lo que las notas inconfundibles del órgano rasgan el espacio. ¡Hacía tanto tiempo que no veía a un organillero, que no puedo dejar de experimentar un cúmulo de sensaciones en verdad muy especiales!
Pero para impresiones realmente extraordinarias, no hay nada como el Metro. Y no sólo en los vagones, porque desde antes de entrar a los andenes, encuentras vendedor y pedigüeños de todo tipo. Se me acerca una pareja de adolescentes y él me pide una moneda para “acompletar” el pasaje del Metro. Mi hermana y sobrina me arrastran impidiéndome concederles una moneda y materialmente, me llevan en vilo al andén, en donde me advierten que “por ningún motivo” vuelva a hacer caso de este tipo de pedigüeños, “porque tienen diferentes formas de sacarte dinero: la chamaca se te acerca, te pide una lana y si no se la das, empieza a acusarte de que la has tocado y pone de testigo al chavo. Y le das dinero o te acusa con la policía. Muchos hombres son estafados diariamente de esa manera, así que, porfitas, no vuelvas a hacerles caso”. Me siento como niño regañado, pero agradezco el consejo. En otro transporte, -¿Por qué le dirán pesera, si en realidad es un minibús?-, intento tomarle una foto al Ángel de la Independencia, pero me encuentro limitado de espacio. Un pasajero ofrece decirme cómo y eso fue suficiente, para soltarme casi una clase de historia, que va desde que no es varón la citada estatua del Ángel, que ya se cayó una vez –durante el sismo del 57-, para finalmente decirme que es hijo de cácaro y que esa condición les daba derecho a que todas las películas de estreno, se las proyectaran a ellos, entonces una chavalada gigantesca, me entero que trabajó por ahí del ya desaparecido Hotel Hilton, “tenía una noviecita muy linda”, me dice, y casi me siento como la versión masculina de la Doctora Corazón. Me recuerda que en el Hilton se presentaba Olga Breesquin que se hizo famosa por tocar el violín luciendo minúsculos bikinis, obviamente, nadie ponía atención a la interpretación musical, aunque a decir verdad, Olga sí era buena violinista. Total, que en un abrir y cerrar de ojos, me enteré de la vida, obra y milagros de este catedrático cuyo nombre no citó.
Visitar mi pueblito me permite revitalizarme en muchos sentidos, con todo y que a la hora u hora y media, siento la fatiga ocasionada por la contaminación y la altura de la otrora conocida como la Muy Nobles y Leal Ciudad de los Palacios. Me siento feliz al caminar bajo las sombras de la noche por Bolívar y no dejo de experimentar tristeza porque han desaparecido ya, y no sé desde cuando, los cafés “Tupinamba”, “Ambos Mundos” y “Do Brasil”. El primero de ellos, al que acudían las figuras de la torería junto con sus subalternos. Ahí tuve oportunidad de ver de cera a Ignacio “El Flaco” Valencia, célebre por sus “pares o nones”, cuando cubría el tercio de banderillas, a aquel otro picador “El Güero” Guadalupe. Café que insultaba al que estaba enfrente, “Ambos Mundos”, que albergaba a todos los soñadores de gloria, como tu Charro Negro, que nos pasábamos horas enteras “deteniendo” el muro de entrada, mientras tejíamos nuestras grandes faenas y viendo caer lenta pero inexorablemente, los segundos y estos en minutos que finalmente se convertían en horas. Los “maletillas”, término taurino de siempre, éramos por decirlo así, los “clientes” de ese café de chinos, en donde los apartados eran de madera, contrarios a los del “Tupinamba”, que lucían albas cortinas de lino y sus meseros blancas filipinas, mientras que acá, Conchita, la mesera que siempre vi, con su falda negra que cubría con un delantal, y blusa blanca. A un lado del “Ambos Mundos” se encontraba el “Do Brasil”, en donde el incitante aroma del café recién molido, te invitaba a saborear una taza. Hoy, ninguno de los tres cafés existe, ahora son otros negocios y con el pavimento de adoquín, que, me entero, es reciente. Y debe serlo, porque en agosto último, caminé esas calles junto a Lalis la Bella, en donde se realizaban las obras de remozamiento.
Sí, son muchas las sorpresas que he encontrado en esta mi fugaz visita a mi adorado pueblito, aunque por la premura, dejé de caminar por aquellas calles que me recuerdan mis orígenes y mi pasado. Será en otra ocasión y espero ahora sí, en compañía de Lalis la Bella a quien la afición también extrañó mucho esta vez, tanto como su Charro Negro.
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Por casa, todos bien, a Dios gracias
La calma vuelve a mi espíritu, gracias a Dios.
Mi Compa Chuy, una vez más, ha escuchado mis súplicas, mis oraciones –intuyo que las de mis hermanos también-, para que Doña Eloísa a sus casi noventa y un años de edad, siga siendo el eje central de la familia, quien logra que no solamente sus hijos –Miguel, Guillermina, tu Charro Negro, José Luis, Rosa Martha e Isabel-, estén al pendiente de ella, sino también los nietos y bisnietos que han venido a enriquecer a la familia. Y con ellos, los yernos y nueras.
Sí, Doña Eloísa mantiene ese poder de convocatoria, como ayer, en ese ayer de mi infancia, de mis sueños, de mis ilusiones. Fue ella quien me alentó cuando exterioricé mis anhelos de ser figura de la Fiesta. “Si vas a ser torero, hazlo, pero tienes que ser el mejor, no uno más del montón”, recuerdo que me dijo. Porque fue a través de ella, como de Don Miguel, que conocí un coso taurino, la Monumental Plaza México, porque fue ella y el eterno compañero de su vida, quienes me inculcaron los buenos principios, porque ha sido desde siempre la mujer a la que adoro con toda mi alma.
Enterarme vía telefónica de que su salud estaba quebrantada, fue suficiente para echar pa’lante, amén de que los rumores sobre la de José Luis, no me resultaron nada agradables. Dos razones dos, para viajar a mi adorado pueblito, el que ciertamente, se llena de gozo y felicidad cada vez que disfruta de mi estadía. Un pueblito que me recibe con la mejor de sus postales, como son las aéreas nocturnas. Ahí me tienes tratando de ubicar puntos y sitios conocidos, familiares: la Torre Latinoamericana, el Palacio de Bellas Artes, la majestuosa plancha de El Zócalo Capitalino y otros puntos más que me son conocidos desde que era un enaniux. Feliz de estar nuevamente en mi añorado pueblito, en donde sabía me esperaban también los ricos pambazos y las quesadillas de huitlacoche y de mole, con masa morada o verde y mi Pascual de mango. ¡Naaaada, mi buen!
Desde luego no hay nada que sustituya al calor familiar y en ese sentido, mis hermanas son especialistas. Siempre me brindan su cálida hospitalidad junto con mis adorables sobrinas y mis sobrinos nietos –Ángel y Carolina. El primero, hijo de Maria Antonieta –un fuerte abrazo para Rodrigo, que lamenta la ausencia de sus Pumas en esta liguilla-, y la segunda, de mi adorada sobrina Flor Guillermina-, de mis hermanos, uuuffff…con Miguel, nuestros dos últimos encuentros que han terminado en pantagruélicas comidas que han servido para recordar aquellos años de nuestra infancia y adolescencia, mientras que con José Luis, es compartir desde el chiflido insustituible para el reencuentro –esa forma de chiflarnos, es única, y sabemos que somos los únicos que la tenemos. Por eso cuando llegué a su casa, antes de que Rosa Martha le llamara, chiflé y no tardó en aparecer en el marco de la ventana, el rostro sonriente de este Iván, Oso Yogui o José Luis o simplemente Luis, a quien los años parece que se le estacionan y ya peina más canas que tu Charro Negro -¿por qué tanta curiosidad sobre la poca existencia de éstas en mi personita?-.
Sí, ir a mi pueblito también significa pasarme horas enteras al lado de Doña Eloísa, contemplar a mi madre, acariciar sus manos, tener en las mías su rostro y recorrer con mis palmas su alba cabellera y sobre todo, entregarle con mi mirada todo el amor que por ella siento, es indescriptible el cúmulo de emociones que ello me produce. Vuelve a hablarme de nuestros días de infancia, hechos que mi mente no registra; me habla de los dos libros que ha escrito y que permanecen lujosamente encuadernados en uno de sus muchos libreros; vuelve a mencionarme a Rolando Candían y sus años en cautiverio, esto, allá en la Venecia antigua y que registró magistralmente Miguel Zévaco en su obra “El Puente de los Suspiros; y me dice también que en “Los Bandidos de Río frío”, de Manuel Payno, está la obra de la literatura mexicana más hermosa, y luego quieres saber qué han hecho –hacen- Waldo Arturo, Bertha Belia, Mildred Eloísa, Elizabeth Florentina, Margarita y Miguel, sus nietos, mis hijos. Recibe un pormenorizado informe y sonríe satisfecha porque sus nietos –carne de su carne y sangre de su sangre-, son hombres y mujeres de bien: unos ya profesionistas, otros, en vías de serlo; me pregunta por las medres de ellos y también recibe noticias de Bertha Velia, Luz Irene y Dolores Margarita… Sí, admiro la lucidez en Doña Eloísa y veo con satisfacción que está bien y entonces comprendo lo que por la vía telefónica me dice Flor Guillermina: “tío, mi abuelita necesita del apapacho”
Tanto Doña Eloísa como José Luis, lo he constatado, están bien. Gozan, como todo el clan, de cabal salud. Creo, en todo caso, que seré yo quien necesite el uso de unos chiquiadores, aunque sea para saber qué se siente usarlos. Felizmente, doy gracias a mi Compa Chuy, que sigue escuchando mis diarias oraciones por la salud de todos los que quiero. Ese capotazo que me brinda mi Compa Chuy, es único, sin duda alguna.
¡Aaaahhhh!, lo único lamentable –además de la ausencia de Lalis la Bella-, fue que no disfruté de los pambazos ni de las quesadillas de huitlacoche, pero en cambio, me di el gusto de devorarme una torta de tamal de mole, allá, en Coyoacán, donde vive Rosa Martha, y Ángel, mi sobrino nieto, le hizo la faena a una de tamal de chile verde. Con él, también he descubierto a mi cómplice para entrarle con fe sincera y corazón ardiente a los tacos de suadero, longaniza, cecina y tripa y para bajarlos nada mejor que los Pascual de mango.
¡Que, que queeeeé..!
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Mamotretos legislativos
En verdad que cuando leo “Acuerdos”, “Pactos” y demás puntachos que se les ocurren a los legisladores federales, llego a la conclusión de que estos cuates –y cuatas-, creen que el pueblo está como ellos, descerebrado. Tengo la más que ligera sospecha de que las maratónicas reuniones que sostienen –antes y después de la toma de la tribuna por la turba perredista-, es para hacer la pantalla de que en verdad, se sacrifican por la Patria, que quiero pensar que así lo ven ellos, el día de mañana se los premiará erigiéndoles un monumento o ya de perdis, imponiéndole su nombre a una calle de cualquier ciudad de cualquier estado de este Méjico de mis sufrimientos. Lo peor no es la serie de babosadas que acuerdan o pactan, sino que en verdad, creen que van por el camino correcto, es decir, por la vía que los llevará a la inmortalidad y, en una de esas, a pegar el brinco, cual chango mecatero, a otro hueso político, que les permita “ganar” miles de pesos como salario –que no lo desquitan, eso me y nos queda claro-, que además, son un verdadero insulto a la pobreza en que se debaten millones de mis adorables compatriotas, a los que –porfis, por un instante, trata de adivinar a quién acuden a limosnear su voto-, les bajan las nubes y las estrellas haciéndoles creer que ellos son los verdaderos Mesías que necesitan para salir de la infamante pobreza.
“Acuerdos” y “Pactos” y demás calenturientas ideas de estos “legisladores”, además de absurdas, conllevan en el fondo una insana intención: conseguir dinero a raudales –no para ellos, porque finalmente y felizmente ellos no lo ejercerán, a no ser, claro está, de que busquen sacrificarse para terminar la obra-, que sinceramente, no veo que mi adorado Méjico tenga para dilapidarlo de la forma en que proponen estos sí, descerebrados políticos.
Pero lo que más risa y coraje provocan estos mamotretos, es que pretenden hacer leyes a la medida de cada segmento de la sociedad, olvidándose que hay una Carta Magna, en donde están plasmados los derechos de todos los meshicas que habitamos en este maravilloso paraíso que es Méjico. Pero esta casta lo ve diferente, ven a una sociedad clasista, dividida y bastante misógina, por lo que me pregunto, ¿en verdad, así es el pueblo mejicano? No, sinceramente no lo es.
Porjemplo, veo el “Pacto Nacional 2007, por la Igualdad entre Mujeres y Hombres” y no dejo de reírme como enano de circo –si es que a los enanos de circo les da risa loca por esa su condición-, cuando leo –y cito textualmente: “convencidas de todo lo anterior –esto es, de la participación que han tenido las féminas en este Méjico de mis asombros-, sólo es posible si iniciamos una sinergia entre las mujeres de todos los ámbitos, mediante un Pacto Nacional para hacer énfasis en que la igualdad entre mujeres y hombres es un derecho fundamental y la piedra angular de toda sociedad democrática que aspira a la paz, a la justicia social y el respeto a los derechos humanos”.
Dos aspectos me llaman la atención: ¿Comprenderá la mujer campesina la palabra “sinergia”? ¿Existe una marcada confrontación entre los hombres y las mujeres de mi país, que les lleva a olvidar que todos somos iguales como lo dice la Constitución General de la República? ¿Por qué –me pregunto con insistencia cuando veo este tipo de “Acuerdos” y “Pactos”-, los legisladores federales se empecinan en hacer leyes innecesarias, cuando en la Carta Magna está todo debidamente asentado y claro. Cierto es que primero habría que preguntar a estas legisladoras, si conocen el texto constitucional, y luego están los Códigos Civiles y Penales que son dicen claramente cuáles son las sanciones y penas a que se hace acreedor aquel –o aquella, por qué no-, que agarra a su pareja como costal y le asesta algo más que sus cachetadas guajoloteras. Ya está todo ello inscrito, por qué entonces, me pregunto, hacer levecitas a lo baboso, como este Pacto Nacional.
Cuando digo que estas mujeres ven un Méjico dividido, no me equivoco. Porfitas, lean esto que mueve a asombro –porque no es creíble tanta estulticia en unas cuantas mujeres- y a risaloca: “Haremos especial énfasis en nuestras acciones para incidir en el mejoramiento de la calidad de vida de las mujeres indígenas, campesinas y rurales y, en general, de aquellas que se encuentran en condición de pobreza”. Por un instante, analicemos tan trascendental párrafo: ¿donde vive la mujer indígena y campesina? ¿Cuáles son las mujeres rurales, o mejor dicho, qué diferencia existe entre la indígena, campesina y rural? A ver, explíquenmelo, porque la neta, me siento wei, mi cerebro está así de chirris como para discernir este galimatías, me cae.
Lo peor del caso, es que el susodicho Pacto Nacional fue motivo de “reuniones de trabajo” en los Congresos Locales, para su firma con las mujeres legisladoras de cada entidad federativa, por razones que no entiendo todavía, como tampoco me explico cómo fue posible que en esos recorridos no hubo una sola diputada local que alzara la voz y les hiciera ver que de plano, ese tipo de Pactos no son otra cosa que una mafufada más, propia de quien no tiene oficio ni beneficio, y que para pasar el rato, recurre a crear este tipo de idioteces que además, están redactadas con las patas. Si alguien me dice lo contrario, que me lo explique. Digo, antes de romper tan trascendental documento que paralizará la vida económica, política, social, educativa y deportiva de este Méjico de mis desvelos.
De plano.
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Tarde del 8 de mayo del 2008 –por ahí de las 1240 horas-
¿Verdad que son un jugoso negocio familiar…?
No cabe duda de que el box fue, es y será uno de los negocios más lucrativos dentro del deporte y en el que los medios masivos de comunicación han tenido mucho que ver, pues basta y sobra con que se anuncie un apellido y con ello el lleno en el local, improvisado como arena boxística, registrará un lleno hasta las lámparas, como sucedió el sábado último en Juriquilla, Querétaro, en el que el apellido Chávez originó el entradón.
Porque si alguien viene y me dice que fueron los hermanos Chávez, Julio César y Omar, pues francamente lo pondría en tela de duda, sobre todo, porque son chavos a los que les contratan bultos que no signifiquen peligro alguno para poner en riesgo el jugoso negocio que ha sido hasta el momento y que permite aventarlo entre los cuates, o mejor dicho, entre esa cauda de incondicionales y lambiscones –la misma que mucho tiempo acompañó a su otrora renombrado padre y que lo llevó a las más tristes de las condiciones humanas-, que hasta eso, creen que se ven bien con su cintita roja amarrada en la frente, como si fueran mecapaleros, con todo el respetillo que éstos me merecen.
Cuando digo que son Julio César y Omar un par de cartas muy rentables, es porque los rivales que les han puesto así lo demuestran. No hay hasta el momento, un nombre relevante en sus respectivas divisiones y por lo tanto, vemos una retahíla de ilustres desconocidos que eso sí, han permitido hacerles gordo el caldo a los Chávez.
Omar “El Terremoto” Chávez –¿a quién se le ocurriría ponerle ese mote tan fuera del real contexto boxístico del chavo?-, confirmó lo que no hace ni un mes dije aquí mismo, esto es, que no tiene nada que hacer en el deporte de fistiana, que no le gusta meterse al gimnasio y que por lo mismo, cree que todo lo logrará con un golpe. Todos daban por hecho que terminaría noqueando al vallartense Marco Nazareth, pero no contó con que éste le metería las manos a placer además de soportarle los mandarriazos que ocasionalmente soltó el menor de la dinastía Chávez. Es más, para muchos aficionados, que no paleros, aclaro, la victoria se la robaron los “solones” a Marco, pues nada más habría que ver cuál de los dos rivales terminó con el rostro más lacerado. Que Omar agradezca que su oponente no tiene la suficiente pegada, porque de lo contrario, el combate -¿negocio?-, hubiera sufrido grandes y cuantiosas pérdidas para el futuro. Fue un robo en despoblado el que sufrió Marco Nazareth, que, repito, volvió a exhibir las carencias deportivas del menor de los Chávez, quien sin condición física, abría la boca desmesuradamente desde el segundo giro y refugiándose en las cuerdas para no dar el costalazo.
Yo le recomendaría –aunque sé que ni me pelarán-, que mejor se ponga a estudiar. Aún es tiempo de que agarre los libros, termine su secundaria y se olvide de este deporte que si algo demanda, es disciplina, la que ni él ni su bróder, han mostrado ni aprendido de su señor padre y que le llevó a ser considerado en su momento, el mejor deportista del mundo.
Por las mismas anda Julio -¿Por qué carazos decirles Omarcito y Julito, cuando ya tiene peleas en la coliseo? ¡Dejaos de andar de lambiscones!-, a quien los catorrazos le llegan con tanta facilidad, que también debe agradecer que el bultazo italiano Giussepe Loriga no pega ni estampidas, porque de lo contrario, también lo pone en la lona y resultó un boxeador correoso, que finalmente cayó no tanto por el castigo, sino porque el tercero sobre el cuadrilátero o no contó bien o el itálico se confió, pero no estaba en malas condiciones cuando el réferi decretó el final del combate, en el noveno episodio.
¿Dónde –me pregunto-, quedó la contundencia deque tanto pregonan los panegiristas y lambiscones de Omar? Posiblemente en las canchas de fútbol de Culiacán, en donde juega en un equipo por él patrocinado, o en la parranda, porque también le gusta la chela y las chavas, además de que, con el billete en el bolsillo, optan por dedicarle tiempo a la diversión, en lugar de dedicárselo al deporte en el que pretenden hacer huesos viejos.
Recuerdo que fue el propio Julio César Chávez Carrasco, el que habló de “vengar la afrenta” que por partida doble le impuso el otrora Goleen Boy, Óscar de la Hoya, a su celebérrimo papuchis. Insisto, yo le recomendaría que se olvidara de peregrina idea. Óscar, con los años que tiene, y con una mano en la cintura, lo manda al mundo de los sueños mucho antes de lo que hizo con su padre. Es más, el hablantín de Héctor “Machito” Camacho, el júnior del “Macho” Camacho, también le pone su estate quieto al mayor de los Chávez. Combates estos que, seguro estoy, no se realizarán porque entonces sí, el negocio se termina. La fantasía se acaba y no es conveniente regresar a la triste realidad, cuando aún hay ingenuos que creen que están ante dos futuros portentos del boxeo meshica.
Nada más falso.
Son chavos inflados como el rais crispis y Santas Pascuas, como decía Don Miguel.
A Omar, por lo visto, la regañada que le puso Julio César padre a nivel nacional –si no es que más allá de nuestras fronteras, en donde la pidió se comprometiera públicamente a entrenar, no lo hizo- le entró por un oído y le salió por el otro.
Así pues, insisto, olvídense del boxeo, no tienen ni la disciplina ni el hambre que en su momento mostró y vivió su padre, y que lo ubicaron así, como el mejor deportista del mundo, en épocas en donde había muchos otros con los que compitió por ese honor, entre ellos, el mejor penalista de muchos años, el navarro Miguel Induráin, que se cansó de ganar el Giro de Italia, el Tour de France y cuantas carreras ciclistas hubo en esos años. Y no hace mucho de ello. No más de dos décadas, cuando mucho.
Ojala y también haya quien les diga que se dediquen al estudio. Los golpes recibidos aún no les han afectado como para no asimilar la enseñanza que pueden abrevar en las aulas. Todavía están a tiempo, antes de que los pongan barcinos a güamazos.
Están a tiempo todavía.
Y a buen tiempo, insisto.+
Tarde del 28 de abril del ‘08
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¿Queda alguna duda…?
“El duelo más antiguo en nuestro balompié, es el del Atlante contra el América”, escuchamos decir en la telera durante los días previos al partido que cerró la penúltima jornada de este mediocre balompié meshica; perorata en la que nos enjaretaban –desde luego, los dueños del equipo crema-, la añeja rivalidad entre ambas escuadras. Una, representaba a “la clase alta” y la otra, “a los pobres, al pueblo”, con marcadores de escándalo, con jugadores que hicieron época –para bien o para mal- en ambas escuadras y demás babosadas al cante, con el único propósito de “calentar y hacerle ambiente”, al
citado cotejo balompédico, que por otra parte, despertaba cierto morbo entre los aficionados, por ver cuál de los dos equipos es el más malo del torneo que, a Dios gracias, ya está a la vuelta de la esquina su terminación.
El caso es que luego de bostezar hasta el cansancio y al término del cotejo, quedó demostrado qué equipo es el más malo del fútbol meshica: el América, que ligó su décima derrota del certamen ante un Atlante que, también hay que apuntarlo, no es ni la sombra del cuadro que resultó campeón en el último torneo, pero que tiene la virtud de ser un equipo mejor trabajado y a cuyos jugadores no les pesa tanto el coloso de Santa Úrsula, ni tampoco se asustan por la cada vez más desteñida y devaluada playera americanista.
No queda titubeo alguno de qué cuadro es el más malo de este torneo, creo que ni los más acendrados seguidores del equipo de Coapa lo podrán poner en tela de duda.
Del pésimo funcionar del equipo, le echan tomate a Rubén Omar Romano, el actual director técnico, cuando éste entró de bombero luego de que su paisano, el bocón del “Ruso” Brailovsky mostró, una vez más, sus carencias como técnico. Entró también de relevo el llamado –no por mí, que conste-, “símbolo americanista” por “el flaco” Tena y de plano, el equipo empezó a desplomarse. Terminó la campaña pasada perdiendo la Copa ante el Lanús de Argentina y el torneo casero como pudo.
Dicen los conocedores que la pretemporada incluye quince días de playa, en donde se trabaja hasta en doble sesión diaria, y luego, otros quince días en montaña. Ese trabajo y el que se realiza en el terreno de juego, alcanzará físicamente para todo un torneo, pero resulta que llega Romano y se encuentra un cuadro todo ñengo, incapaz de aguantar el ritmo de noventa minutos, y con aire apenas para el primer tiempo y a duras penas, por cierto, porque más de un jugador estaba más que fundido antes de que terminasen los primeros cuarenta y cinco minutos. Esto llenó de estupor al flamante técnico americanista, y lo denunció porque era público y notorio. Y el americanismo se pregunta, ¿qué hizo entonces Brailovsky de pretemporada? Nada, en realidad, o si se quiere, acelerar la caída libre del Águila americanista.
Entonces, ya hay otro responsable: “El Ruso”.
Pero desde arriba están otros, los directivos que nunca han sabido lo que es este deporte y a cuanto promotor se encuentran –o que dice ser promotor-, le cambian oro por cuentitas. Pedro Portilla, Cañedo White y compañía también tienen su tajadita -¿tajadota?- de culpa y responsabilidad, por no saber a quién contratan. Sin ir lejos, la campaña pasada, alguien les dijo que Lucas Castroman era todo un crack y ¡voytelas!, que abren generosamente la chequera y lo contratan pagándole algo así como millón y medio de pesos mensuales. No conformes con tirar dólares a lo baboso, aceptan a otro bultazo argentino, un tal Bilos o Vilos –para el caso es lo mismo-, que cínicamente declaró que a él el equipo le valía madre, que lo único por lo que estaba aquí era por el billete, por el dinero. Pero no contentos con contratar a este par de petardos, trajeron a otro argentino, de cuyo nombre no quiero acordarme, que nunca jugó y la única ocasión que se vistió el uniforme, fue para la foto de su contratación. Obvio, le pagaron una buena lana por conocer Méjico. Y mira que no hablo de la actual temporada, en donde una vez más -¿por qué no aprenden, señor juez?-, contratan a un tal Huguaín, cuya única virtud es ser hermano del que juega con el Real Madrid y que como buen argentino, es más malo que su bróder.
¿Quién autorizó esas contrataciones? ¿Quién vio los vídeos de estos bultos antes de aceptar signarlos? Por los resultados vistos, al menos para la última pregunta, puso asegurar que nadie. Los resultados no mienten.
Entonces, senioras y seniores –como dicen los mamilas cronistas argentinos de fútbol-, no le echen todas las pulgas a Rubén Omar Romano, porfitas, cuya única responsabilidad, fue haber aceptado querer revivir a un muerto.
Cuando “El Jorobado de Nuestra Señora de Tepito” emigró al fut gringo, se dijo a los cuatro vientos que “El More” Mosqueda era su sucesor. Quienes así lo señalaron, no se imaginan el daño que le hicieron al chaval, porque en lugar de servirle de estímulo, ha sido una pesadísima loza que no puede quitársela. Ya dio todo lo que tenía que aportar al equipo y de ahí no pasará.
¿Otro petardo más? ¿Qué me dicen de Richard Núñez? ¿Cuál ha sido su real aportación al equipo? ¿Qué diferencia ha marcado como debe ser por su condición de extranjero? Si alguien lo sabe, porfitas, hágamelo saber a través de mi correo electrónico. Vale?
Lule me dice que entre los chavos de la cantera, varios pintan para goleadores: uno que no sé cómo se llama pero le dicen el ¿“Gudi, o será Woody”?, y luego está ese enorme “crack” que es Enrique Esqueda, más inflado un globo de Cantoya. Ya le vimos en la selección preolímpica que “dirigió” Hugo Sánchez. Lule es americanista irredento y por lo mismo, a veces confunde la gimnasia con la magnesia. Comprendámoslo, porfitas.
Debo reconocer y alabar, la gallardía con la que el América defiende su último lugar. Lo mal que juega para que nadie le haga mosca y le quite el privilegio de ser el peor equipo del fut meshica sale a flote domingo a domingo; el torneo casero ya lo sueñan, en tanto que en la Copa Santander Libertadores, están de rana y “jugando”a lo mostrado en el torneo local dudo mucho que les alcance para avanzar una ronda más y menos, mucho menos, si como suena el run-run, buscarán hacerse de por lo menos tres refuerzos -¿apuestas de qué nacionalidad serán? Doy mocho a sencillo a que uno, cuando menos, será, ¡siiiiiiiiiííííííí!, argentino.
Mientras tanto, en Ciudad Gótica, los Lules, los Mac, los bróders Picos, los Cisneros. Chábeli, Martizia, los Borregos y demás flota americanista, sufre y se acongoja, pidiéndole a Dios el milagro de que cuando menos, sumen dos dígitos al término de las diecisiete jornadas, porque de los treinta puntos disputados, sólo han alcanzado ¡ocho, sí, ocho, sí, leíste bien, ocho!
Ahora que, ¿Quieres que te confiese algo?
Para mí, están jugando bien, muy bien. Lo acepto y reconozco. Es más, propongo lo siguiente:
Que no haya cambios de presidente, que se contraten a más argentinos, que dejen a Romano como director técnico, que el dueño del equipo contrate a sus cuates para los diversos cargos, sepan madre de fut y que sigan narrando los partidos el que dice “la pelota está en el fondo”, y el Perro Bermúdez.
A ver, ¿cuántos y quienes secundan mi posicionamiento? ¡Que levanten la mano!
¿Lo aprueban, lo aprueban?
¡Órale, ya dijiste!
Se levanta la sesión.
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Besos infamantes
En verdad os digo que Felipe Calderón me decepcionó feamente con ese intercambio de ósculos con el engendro del magisterio, en donde no sólo no demanda la impartición de una mejor educación, sino que en un desplante de plena desfachatez, les concede el 5.8 por ciento de incremento en sus prestaciones, incluido el salario, y -¡esto no tiene nombre!-, retroactivo al 1 de abril.
Los discursos almibarados de quien un día llegara a la capital del país con una mano por delante y otra por detrás –en buen castilla, muerta de hambre-, en verdad os digo que son para hacer sonrojar al más pálido de los meshicas. Expresiones que se quedarán en eso, porque desde hace rato que a las palabras se las llevó el viento. La mejor prueba de ello, es que la niñez mejicana aprende cada vez menos en las aulas y escuelas oficiales.
Lo asombroso para muchos, resultó la expresión vertida por quien ahora detenta millones de dólares y es dueña de departamentos en Nueva Cork –atrás quedaron los años de penuria y de muerta de hambre. Su ascenso al Poder del SNTE le ha redituado estupendos beneficios-. Para ello, hay que leer lo que dijo: la verdadera reforma estructural que reclama el Méjico del Siglo XXI es la educativa; la Gordillo todavía tuvo la desfachatez de externar el SNTE demandó la incorporación de nuevos saberes en las escuelas: la enseñanza del inglés –para qué, me pregunto, si los alumnos no saben hablar castellano-,fortaleciendo el español –mentira, ya señalé que alumnos del CONALEP no tuvieron la mínima idea de lo que es la gramática-, la incorporación de nuevas tecnologías en los planteles y la disposición de computadoras para maestros –las que utilizan muy bien por cierto, para mandar mensajes a sus cuates, no para la investigación-.
Pero lo que no tiene parangón alguno son estas expresiones: “reitero el compromiso del magisterio de cumplir con la tarea que le toca: modificar concepciones y prácticas pedagógicas, promover en los alumnos el gusto por la historia y el pensamiento; estimular el placer por la lectura y las arte; alentar la curiosidad y la investigación en todas las áreas del saber, particularmente en los campos científicos y tecnológicos así como motivar el pensamiento crítico y el amor a Méjico”. Yo le recomendaría –como dice el doctor Abel-, que antes, mucho antes, haya realmente maestros y no mercachifles de la educación. Cómo enseñar a la niñez el gusto por la historia, si sus mentores no son capaces de saber ni siquiera la fecha del nacimiento del ínclito Benito Juárez –y no miento ni exagero: en la población de Quilá, donde mis hijos estudiaron la primaria, una maestra que respondía –no sé si aún cobre en ese plantel-, al nombre de América, un 20 de Noviembre platicaba con ella y cuando le pedí la fecha del nacimiento del Benemérito, me salió con “no sé”. Así, llanamente y ese “no sé”, me sonó absurdo, ridículo, ilógico escucharlo de una maestra que tuvo -¿tiene?- en sus manos la formación de por lo menos cuarenta chamacos y chamacas durante el año escolar. Entonces, me pregunto, cómo imbuir en la niñez el gusto por la historia de este país que tanto amo.
Y más, quisiera saber cuántos libros leen anualmente los maestros –digo, además de las páginas policíacas, deportivas y de sociales de los diarios-. Cuántos, me pregunto, habrán terminado ya de leer el último libro de Mario Vargas Llosa, cuántos más se habrán internado en esa hermosa red que en cada uno de sus libros logra Frederick Forsyth, cuántos otros han leído a José Agustín, a Carlos Fuentes, al insuperable e irrepetible maestro Luis Spota, o a Gustavo Sainz con su delicioso “Compadre Lobo”, por citar a unos cuantos nada más, porque si les pregunto que me digan de qué tratan “Los Pardaillán” o “El Punte de los Suspiros” de Miguel Zévaco, estoy cierto que ni siquiera tienen idea de lo que les pido y les hablo. Entonces, cómo inculcar en la niñez el hábito de la lectura –uno de los más maravillosos hábitos, si no es que el mejor-.
No nos engañemos. Méjico vivirá atrasado por esa bola de engendros incrustados en el magisterio y su sindicato, una organización que premia la mediocridad –como la misma Elba Esther Gordillo-, y se convirtió en la mejor agencia de colocaciones – ¡con decirles que ya superó al PRI y eso es mucho decir!-, y la mejor prueba de ello es que cada vez vemos más y más prófugos del gis y del pizarrón en otras actividades, menos en la docencia, aunque ello no es impedimento alguno para que eso sí, cobren puntualmente y con toda la desfachatez del mundo, su cheque quincenal, asombrándose y quejándose del regalo que les hacemos nosotros, porque finalmente somos tú y yo, los que vía nuestros impuestos, cubrimos esos recursos que improductivamente esa bola de parásitos consume.
Por si creen que hablo a lo gorras, nomás es cuestión de que esperemos los resultados de la prueba esa de “Enlace” y conozcamos además, los resultados de las evaluaciones que se hacen a nivel continental. Entonces creo que será oportuno recordarle al engendro del magisterio, que una vez más, todo lo que salió de su boca no fue más que una diarrea verborréica.
Calma y nos amanecemos.
Por pura curiosidad, ¿qué habrá sentido Calderón cuando lo besó la Gordillo?
A mi me hubiera dado repugnancia.
Y mucha, por cierto.
En serio.
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Jodidos, pero creyentes
Decía en mi anterior entrega, en la que abordé el tema de la educación en Méjico –corrijo, pésima educación en Méjico-, que no parece verse en el horizonte una solución en serio, porque parches y remiendos le han hecho sólo para dejarla peor en detrimento de la niñez de mi país que con lo que le dan, sinceramente dudo mucho que pueda enfrentar el futuro con las armas suficientes para hacer de esta gran nación lo que hasta ahora parece imposible. Y si hay alguien que diga lo contrario, pues nomás échenle una mirada a lo que sucede en estos momentos en el Congreso de la Unión, en donde los intereses de unos cuantos, pesan sobre el de la mayoría y se aferran a no querer abrir a la iniciativa privada a PEMEX.
¿Dónde quedaron, me pregunto, aquellos maestros que realmente hacían de su profesión un apostolado? Aquellos maestros que no tenían otro objetivo en su vida, que impartir sus conocimientos de la mejor manera, sin mayores argumentos que hacer de este Méjico un país más próspero.
Vuelvo a echar mi tiempo hacia atrás, y me ubico en mi adorada escuela “El Reloj” –en realidad, se llama “Fray Francisco Aparicio”, pero desde siempre se le conoce más así, “El Reloj”-, en ese tercer año. Abro mi libro de geografía y aparece el mapa de la República Mejicana. “¿Ves este mapa que parece el cuerno de la abundancia? Este es tu país y se llama Méjico. En él….” Y sí, se sentía bien hermoso ver el mapa de mi país y sobre todo, esa frase, “cuerno de la abundancia”, que se debe a Alexander von Humboldt, alemán él, quien luego de haber recorrido las tierras de la Nueva España entonces, culminó con una frase celebérrima: “Méjico es un pobre sentado en un monte de oro”.
Mi país es eso, un cuerno de la abundancia, en donde, pese a los robos de que ha sido objeto por la familia política en el Poder, ha sobrevivido a esas raterías y sigue ahí, como si nada: grandiosa, porque grandioso es su pueblo.
Lo malo es que no hay la educación suficiente para explotar debidamente toda la riqueza de que disponemos, y como dije antes, veo negro el panorama educativo, aunque eso sí, lo creyentes nunca se nos quitará: “mañana tengo examen de física, no estudié mucho, pero espero que la Virgencita de Guadalupe me ilumine para sacar un siete”, escuchamos o bien “no sé mucho del tema, pero primero Dios, voy a hacer todo para librarla”, “Díos quiera y pase la prueba”.
¿Por qué, me pregunto, no nos preparamos más y dejamos de lado a la divina providencia, que estoy cierto, tiene cosas más importantes en qué pensar? Bueno, es que por encima de todos los males que arrastramos desde hace siglos, el que nos hace mucho daño: el ser creyentes.
Aclaro, para que no se me quiera quemar con leña verde: no estoy en contra de ninguna religión. Las respeto como ellas me respetan, pero por encima de ellas, creo, está la razón, el estudio, porque es ilógico pensar que si no dedicamos todo el tiempo que nos piden los libros, saquemos calificaciones aprobatorias, por obra, gracia y milagro de la divina providencia. Como que no me cae el veinte en ese sentido. Si quieres un diez en tu boleta, pues estudia, dedícate a ello con fe sincera y corazón ardiente, en lugar de pensar que con prenderle una veladora al santo de tu devoción, ya la hiciste. Eso, mi buen, no va a suceder.
Pensar que nuestra fe nos va a sacar adelante en los estudios, es igual a hacerle gordo el caldo a los “mártires de la educación”. Ni más ni menos.
Lalis la Bella me comenta, tras leer el anterior artículo “te quedaste corto, Figura, en tus apreciaciones y comentarios sobre la educación en nuestro país. Es lamentable ver la descalificación que alcanza la niñez y que ubica a Méjico entre los que imparten la peor educación en las aulas” y enseguida me pregunta, “¿te has fijado que “los cursos de actualización” los realizan los maestros durante el ciclo lectivo y que por eso muchas veces regresan a los alumnos con la mugre frase de “no hay clases porque los maestros están en junta. Por qué, en todo caso, no realizan sus cursos durante las vacaciones para no interrumpir el calendario escolar? Pues sí, tiene razón, porque ese argumento también me lo llegaron a decir mis maestros, pero ellos sí, se capacitaban constantemente y no como ahora, que sencillamente los maestros van a juntas, pero me pregunto, ¿de qué si el alumnado está fatal?. Eso sí, le gustó la evocación que hago de mis maestros de la primaria, y al que más siempre tengo presente, es al profesor Hernán Villalobos, que era además, catedrático de la UNAM, lo que no deja de llamarme la atención, que luego de impartir su cátedra en la primera universidad de América Latina, se entretuviera compartiendo sus conocimientos con los alevines que éramos en ese tiempo, ansiosos de abrevar el mayor conocimiento posible.
Artículo que también me comenta una de mis lectoras, Cinthya Ortegón, quien opina que sí, que hace falta más vocación en el magisterio, que los años del apostolado docente han quedado lejos y que ahora “los maestros son una bola de grillos”. Algo en que tiene razón. Prueba de ello es que ahora mismo veo los telediarios nacionales y me entero que en diversos estados del país, los maestros abandonan las aulas dejando a más de un millón de niños sin clases, mientras ellos toman las calles de las ciudades en contra de la Ley del ISSSTE y otras consignas más. No hubo clases jueves y hoy, viernes, tampoco.
Verdad que es para dar coraje
Al menos a mí, si me da y mucho.
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San Isidro: no todo lo que brilla es oro
Tengo ante mis ojos los carteles del serial isidril, que iniciará el próximo 8 de mayo y concluirá el 1 de junio. Es decir, hablamos de un total de veinticinco carteles conforman la feria taurina más importante del mundo. Carteles que junto con los de la Miniferia de la Comunidad de Madrid –cuatro y que arrancan el jueves 1 de mayo para terminar el día 4 del mismo mes-, - y los de la Feria de Aniversario –siete en toral y que arrancan el 3 de junio y concluyen el 15 del mismo mes, en el entendido de que el domingo 8 en que se da el penúltimo festejo, habrá una semana de “descanso” para el 15, dar el cerrojazo a los eventos de aniversario del coso madrileño.
Cierto es que hay carteles para todos los gustos y que sin duda alguna, en más de uno se colgará el “No hay Billetes” en las taquillas, lo que para los buenos entendidos, significa que habrá llenos absolutos.
Sólo veo un pero, aunque sé que lo que diga, sencillamente es subjetivo, porque tratándose de toros, sabemos que hay gustos diferentes, y lo que a mi menda me puede parecer un cartel de mediana calidad, habrá quien lo vea como bien rematado. Esto es lo hermoso que tiene la Fiesta. La diversidad de opiniones y criterios, aunque finalmente confluimos en que con todo y esos criterios tan diferentes, sigue siendo un espectáculo único.
Así pues, luego de conocer los carteles que conformaron los Chopera, se llega a la conclusión de que no todo lo que brilla es oro en San Isidro, o lo que es lo mismo, ni son todos los que están, ni están todos los que son. Así de fácil, así de sencillo, como dice la guapérrima de Montserrat. Si me preguntaran cuál es el mejor cartel de los más de treinta que Taurodelta ha conformado, y que por cierto tuvo que rehacerlos luego de que de última hora llegó a un acuerdo con el maestro de Galapagar, José Tomás, para que haga el paseíllo un par de tardes, aunque éstas no serán precisamente dentro de la feria de San Isidro y sí en cambio en la de Aniversario, de todos los carteles, repito, el que más me llena es el día 21 de mayo: toros de Alcurrucén para Enrique Ponce, Sebastián Castella y la confirmación de alternativa de Joselito Adame. ¡Cartelazo y de lujo! Por cierto, tanto el maestro de Chiva, Valencia y el hierro de Alcurrucén, sólo van para esa corrida. Castella comparecerá nuevamente en Las Ventas, pero en la Feria de Aniversario, hasta el 3 de junio, también en un cartel bien rematado: toros de Garcigrande para Julio Aparicio, El Juli y Sebastián Castella, pero sigue gustándome el del día 21 de mayo.
Dentro de los festejos de aniversario también aparece el del 4 de junio, que tiene los elementos suficientes para satisfacer los gustos más exigentes: Corrida de la Beneficencia. Toros de Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla, José María Manzanarez y Cayetano Rivera.
Sin embargo, el aficionado que asiste sólo al serial isidril, se quedará con ganas de ver a José Tomás, quien, como dije antes, llegó a un acuerdo con Taurodelta –o lo que es lo mismo, con la Casa Chopera, que es quien opera el coso venteño-, y que obligó a posponer tres días la presentación de los carteles para Las Ventas. En ese entendido, entonces la afición y aquellos que alcancen en la reventa, un billete –boleto-, disfrutarán del arte del maestro de Galapagar, primero el día 5 de junio en que se correrán reses de la dehesa de Victoriano del Río para Javier Conde, José Tomás y Daniel Luque, que confirmará su doctorado. Corrida ésta por cierto, que no será televisada, como ya es costumbre ponerlo en los contratos de José Tomás.
La segunda comparecencia en Las Ventas será el día 15 de junio, último cartel de la Feria de Aniversario: El Fundi, José Tomás y Bautista, para despachar reses del Puerto de San Lorenzo.
¿Qué es lo que llama la atención de esas dos corridas para José Tomás? Primero, y conste que no quiero echar tomate a nadie, pero sí resulta, al menos para mi menda, más que sospechoso, el hecho de que en ninguno de los carteles isidriles, se le haya abierto un espacio de acuerdo a su condición de figura y que los alternantes, sin demeritar a los que le acompañarán en sus dos paseíllos, pues francamente no están en el primer grupo. Cierto es que en esto de los toros, donde menos se espera salta la liebre y estoy seguro que por el hecho de alternar con él, sus compañeros de profesión saldrán a pelearle las palmas. En los dos festejos se darán un agarrón de miedo, pero, insisto, ¿no era preferible verlo en el serial isidril, o si lo prefieres, no hubiese vestido más ese ciclo de festejos?
Yo, desde mi humilde opinión, creo que sí.
También me llama la atención el hecho de que –y aquí sí, voy a pecar de modestito-, no veo en ningún cartel a los toreros que trajo Curro Leal al serial capitalino. ¿Será porque los Chopera no les llegaron al precio, o se pusieron exigentes en cuanto a ganado y alternantes y fechas? ¿Pudiera ser porque son toreros que no interesan nadita de nada, porque no tienen ni veinte festejos en todo el año taurino? Sinceramente, me inclino por lo segundo. Esto es, porque son toreros del ¿tercer, cuarto?, grupo y que al exigente aficionado madrileño no les dicen nada o si lo prefieres, ni en el mundo los hacen.
¿Qué enseñanzas pudiera sacar el Curro Leal –o quien esté o lo ponga-, para la próxima temporada grande en la Cazuela de Insurgentes? Primero: armar con tiempo los carteles y someterlos a la consideración de las autoridades capitalinas, con lo que se daría también opción a los abonados a reafirmar su Derecho de Apartado y, segundo, ofrecer al aficionado y público en general, verdaderas corridas de toros –y éstos, en puntas, como debe ser-, en lugar de novillos engordados que si bien es cierto pueden dar la romana que marca el Reglamento capitalino, dejan mucho qué desear por no cubrir el reglamento de la edad. Curro tiene tiempo para recorrer la campiña mejicana para ver toros y apartarlos con tiempo para cuando llegue la temporada y que salten al dorado albero toros, el toro verdadero.
Ese que sí se ve en Madrid en Las Ventas.
Sin embargo, y como colofón, reafirmó, no todo lo que brilla es oro en los carteles isidriles de este año. Hay de carne, chile y mole. Muchas tardes a unos cuantos, para garantizar los llenos y sacar la papeleta, y exclusión a otros que bien pueden partir plaza en cualquiera de las tres ferias a celebrarse este año. E igual lo digo con ganaderías, porque este año, al menos, no se ve anunciado el hierro de Miura, entre otros.
Y creo que hacen falta.
Lo mejor, la presencia de dos mejicanos en el serial, para hacernos ilusionar en grande. Y a los dos, ya les estoy deseando la mejor de las suertes.
La Bella Lalis también se apunta en ello, vale…?
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Educación= a Carabina de Ambrosio
Recuerdo de mi mamuchis esa expresión, “la carabina de Ambrosio”. La empleaba para decir que esto o aquello no servía o que de plano, ya era necesario deshacerse de eso o de ello.
Es cierto que para entenderla, fue menester que su Muñeco de Sololoy –o séase, este humilde escribano-, tuviera uso de razón, creciera y con ello, las entendederas se hicieran más lúcidas. Cuando eso sucedió, entonces sí, como por arte de magia la luz se hizo en mi cerebro.
Ahora, más que nunca, le doy razón a mi mamuchis con su entonces tan llevada y traída Carabina de Ambrosio. Hoy hoy hoy me permito aplicarla a la tan llevada, traída y cacareada educación escolar que el Estado imparte en este Méjico de mis desvelos.
Y la verdad, siento lástima, tristeza, coraje, rabia e impotencia, porque esta situación la veía venir desde hace por lo menos, tres décadas, cuando los maestros de entonces tuvieron conocimiento de “la reforma educativa” y que ha resultado un fiasco del tamaño del universo.
Recuerdo aquellos años cuando mediaba la década de los 70s, cuando este aspirante a amanuense transmitía sus servicios noticiosos –¡Flash Matranza, desde el lugar de los hechos, con el periodista Arturo Reyes Razo! –así rezaba la presentación hermosamente grabada por Guillermo Macedo, mi ínclito compater del alma- y ahí estaba efectivamente, teléfono en mano, dando a conocer los acontecimientos que sacudían a este Culiacán de mis amores. Una mañana de aquellos años, solicité permiso de usar el descubrimiento del chavo Graham Bell y que respondía al nombre de Alexander, al entonces encargado de un departamento de la entonces Dirección de Educación Pública del Estado, David Rubio Gutiérrez, que cobraba como funcionario y que decía que era maestro. Lo primero, me consta, lo segundo, lo pongo en tela de duda. Palabra.
El caso es que al término de transmitir mi servicio informativo –cada hora en la hora, porque en la media, entraba al aire “RASA EN LA NOTICIA”, a través de la adorada XENW “La Radio de la Ciudad” de mi siempre bien recordado amigo Héctor Procopio Ramos Rojo-, Rubio Gutiérrez, que había permanecido junto al aparato, viéndome realizar mi trabajo y con la baba cayéndosele, empezó a cuestionarme sobre una de las notas que pasé al aire y que trataba precisamente sobre educación. Salió -como hijo de Longitud Barrios, en aquellos años-, con el rollo de “la reforma educativa”. No lo dejé continuar. Sólo le dije que ese engendro –importado por Luis Echeverría Álvarez, para desgracia de nuestros y aquellos escolapios-, significaría un retraso monumental para Méjico. “David, recuerdo que le dije, si en estos momentos tenemos un atraso estimado en veinticinco años ante los países del primer mundo, dentro de treinta años, vamos a tener entre cincuenta y setenta y cinco años. Y si lo dudas, al tiempo”.
Defensor de las causas perdidas –no por nada, pero siempre fue, no sé si aún conserve ese sueño guajiro, un sempiterno aspirante priista –(¡por eso, por eso, por eso!) a alcalde de Mocorito, municipio serrano de este Sinaloa hermoso-, me soltó el sobado falso argumento de que “el maestro, cuando termina el año lectivo, va en busca de más conocimientos a las aulas de la Universidad Pedagógica Nacional…” “¡Mientes con todos tus dientes –le dije-, porque el maestro en cuanto termina el último día del calendario escolar, llega a su casa, avienta la tagarnia –mochila-, y no quiere volver a saber nada de ella hasta el inicio del nuevo ciclo lectivo”. Total, no pude convencer al prófugo del gis y del pizarrón en que se convirtió David Rubio Gutiérrez, pero el tiempo pasó y me dio la razón, porque hoy hoy hoy, es triste ver a los chavos que están en primaria, salen reprobados o si bien les va, alcanzan la calificación conocida coloquialmente “de panzazo”, y en secundaria, están peor. No hablo de otros niveles superiores, porque el panorama es desolador.
Recuerdo aquella media mañana llegaron a mi oficina un grupo de escolapios de ese ente que se conoce como CONALEP, a preguntarme cuáles son las funciones del Congreso del Estado. Tomé la Constitución Política del Estado, directamente al Artículo 43 y empecé a leerles, pero les pedí que ellos lo hicieran. Palabra que me fui de espaldas, ¡no sabían leer! “Oigan, chavos, les pregunté, ustedes de la primaria pasaron al CONALEP”, “No, me respondió el que parecía el mayor del grupo, primero cursamos la secundaria”, “pues yo, les dije, los reprobaba otra vez y los mandaba a la primaria. A ver tú, dime una palabra esdrújula”. Parecía que le hablaba en sánscrito. Abrió unos ojos del tamaño del mundo, “no sé cuales son”, bueno, a ver, tú, le dije a otro alumno, dime una palabra grave”. Mismo resultado. “bueno, díganme qué es gramática”. Nada, que los niños no sabían nada. “Bueno, dime, ¿cómo se llamó el caballo de Emiliano Zapata?” “¿A poco Zapata andaba en caballo?”, fue la respuesta. En esos momentos, recordé aquella plática que sostuve con Rubio Gutiérrez. No me equivoqué: Méjico está a más de medio siglo de atraso en comparación con los países del primer mundo.
Hoy, los hijos de la Gordillo están iguales o peor que antes. Una media tarde, un grupo de esos “mártires de la educación” que hacen todo por no estar frente a un grupo de escolapios, llegó en demanda del apoyo de esta Soberanía a sus demandas –¡siempre piden, nunca dan!-, y a distancia les escuché. Junto a mí, estaba un cuate que me miraba con cierta socarronería. ¿Qué piensas?, me cuestionó. “Que a este maestrito lo repruebo con una pregunta”, le dije. Y como si lo hubiera llamado, el citado “mártir de la educación”, vino hacia donde estábamos mi cuate y tu servilleta. Todo fue que llegara a mis dominios para embarcarlo. “¡Qué bueno que te veo –le dije con la más sangrona de mis sonrisas-, fíjate que anoche platicaba con un amigo y no nos pudimos acordar de un nombre de uno de los personajes de nuestra historia, pero tú eres maestro y estoy seguro que te las sabes de todas, todas” –se hinchó como pavo real- y seguí, a ver dime, por favor, hazme la luz en mi cerebro, ¿cómo se llamó la madre del Cura Hidalgo?”
El citado media cuchara de la educación, “formador de generaciones de niños, abrió unos ojos del tamaño del mundo y respondió: “perdone mi ignorancia, no sé. Pero mire, aquel de la camisa cuadradita, de vaquero, ese es maestro de Historia y se las sabe de todas, todas. Espéreme”. Fue en busca de la respuesta y le vi recorrer a todos esos “mártires de la educación. A todos les formuló la misma pregunta, y obtuvo la misma respuesta. Nada. Regresó con nosotros y me dijo, “pues fíjese que nadie la sabe, es que no viene en “la Reforma Educativa”. Le di la respuesta y me comentó a manera de excusa para ocultar su estultez magisterial: ¡Ah, bueno!, es que la educación de antes….”no lo dejé terminar y le atajé categórico: “la educación de antes era eso, educación, la de ahora, ¡vale madre!” y le clavé la mirada, agachó los de apipizca y se retiró como si nada hubiera sucedido.
Tiempo después, leí en la prensa que esos prófugos de las aulas, marcharon por las calles de esta bella ciudad, “en solución a sus justas demandas”, grupito de vividores de la educación, que dejan las aulas para protestar por cualquier motivo. Se trata de no ejercer su profesión, para la que ciertamente, nunca han estado preparados. Los resultados en las evaluaciones que cíclicamente se practican, nos dan la razón.
Y lo peor, es que no veo ni en el gobierno y mucho menos en esa agencia de colocaciones que es el Sindicato Nacional de Trabajadores -¡nunca lo han sido!- de la Educación, la menor intención por volver a la educación “antigüita” a esa que nosotros abrevamos, a los libros del maestro Gregorio Torres Quintero y su hermoso “Método Onomatopéyico”, con el que muchos niños de antes, aprendimos a leer.
Estoy cierto que mientras medren con la educación esos vividores encabezados por la Gordillo, la educación pública que se imparte en mi país estará por los suelos, mientras haya maestros que no vean su profesión como un verdadero apostolado, la niñez mejicana tendrá pocas oportunidades de un Méjico mejor.
Por eso, ahora, a años distancia, coincido con mi mamuchis: educación escolar pública es igual a la Carabina de Ambrosio.
¡Funcionarios agachones..!
¿Te has fijado cuál es la actitud que asumen los funcionarios, de los tres niveles de gobierno, cuando el jefe, el mero mero hace un recorrido por sus dominios? ¿Has visto la actitud sumisa y carente de dignidad que asumen? ¿Observas a aquel que, sin ser de primer nivel, pero que sueña con ser visto por el jefe, es capaz de soportar hasta la ignorancia de aquél al momento de saludarlo? Desconozco por qué el género humano es tan agachón, tan dado a que le pasen por encima y que lo acepte con una sonrisa de oreja a oreja. Seres que si les piden que sirvan de tapete por donde pasará “el patrón”, son capaces de tirarse panza al suelo y servir de eso, de tapete, y levantarse mostrando un rostro de felicidad porque impidieron que el jefe se manchara las suelas de sus calcos.
¿Por qué, me pregunto, el funcionario mejicano es tan dado a mostrar no humildad, sino servilismo, ante “los poderosos”, cuando todos somos iguales, con la diferencia de que unos llegan a los altos cargos siendo así, sumisos, obedientes, serviles, incapaces, estúpidos, imbéciles, carentes de tacto, insensibles, ignorantes para desempeñar el cargo que les encomiendan –premian-?
Echa un vistazo a la prensa diaria: el gober precioso realizó una gira de trabajo por San Cuilmas el Petatero y verás desde el alcalde –porque San Cuilmas es municipio-, y su cuerpo de Regidores andar como corderitos, unos al lado y otros atrás, como si formaran parte de un rebaño –actúan así porque me late que en el fondo así se sienten: borregos-, incapaces de balar en otro tono que no sea el que les indique el gober precioso. Se vuelven todo sonrisas, agradables, atentos y obedientes para el jefe, al que le regalan la mejor de sus risas ante el chiste insulso del gober, pero al que le festejan todo, como si fuera el mejor comediante del mundo –cuando es el peor que ha pisado la faz del planeta-.
No dejan de ser canchanchanes, simples canchanchanes.
Como periodista he tenido oportunidad de cubrir para los medios en que he laborado, giras y campañas presidenciales, ídem de gobernadores y alcaldes y diputados –locales y federales- y senadores. Cuando se convierten en “los macizos”, y recorren cualquier estado –tratándose del Presidente-, o el territorio que gobiernan –ya sea entidad federativa o municipio-, encontrarán siempre a su paso a los serviles que nunca faltan. Conocí incondicionales que rayaban en eso, en entes serviles, en donde les importaba un bledo perder lo más hermoso y valioso que tiene el ser humano: la dignidad.
Si el gober precioso en turno quería escuchar “Espinita”, nomás era cuestión de que lo dijera, para que saltara el que era Secretario General de la Federación de Organizaciones Populares para dale gusto al “gober precioso”; que si en la bleizer quería jugar “gato” y no había papel, buen y amplio espacio era la espalda de la guayabera del delegado de la ya desaparecida Secretaría de Industria y Comercio para que el Jefe calmara sus ansias juguetonas. También me tocó ver a aquellos que olvidaban la condición de Estado Laico y se arrodillaban ante cualquier sotana y lo peor, entregar recursos del pueblo, del erario, para obras pías de la Iglesia, cuando lo que a ésta le sobran son miles de millones de pesos.
He visto la estultez total de ese segmento de la raza humana y la compadezco, pero al mismo tiempo siento unas ganas de darles tres cachetadas guajoloteras y gritarles que tengan dignidad, que jamás tiene que inclinar su cerviz ante un semejante, que sean hombres.
No entiendo, tampoco, por qué tantas porras, vivas, bravos y jurrais a un presidente, del país o municipal, o un gobernador, cuando van y entregan una carretera recién pavimentada o cuando colocan la primera piedra -que a veces es la única-, de equis obra, cuando es su obligación. “¡Gracias a la visión de (aquí viene el nombre y cargo) hoy contamos con esta carretera, aplaudamos la visión de nuestro gobernante!” y ¡voytelas!, como decía aquel, se le tributa una ovación enorme. Pregúntome, ¿por qué esa ovación, ese reconocimiento? ¿Acaso no busco el cargo para servir, no ese su trabajo? Y lo peor, mezclar un evento deportivo con lo político: se inaugura un torneo de canicas, hay que agradecer al alcalde “su valiosa colaboración” para la realización del evento. Y hasta placa le entregan. Pregunto, ¿Por qué carajos se tiene que hacer eso? ¿Será porque el alcalde tira de uñita?
Creo que mientras actuemos de esa manera, seguiremos inflando a babosos descerebrados, incapaces de hacer algo si no reciben el aplauso, la ovación. Pero eso será porque no tienen la mínima noción de que ese es su trabajo y por trabajar, nadie debe recibir más que su justa retribución económica. Y santas pascuas, como decía sabiamente Don Miguel.
Por eso te invito a que no formes parte de esa legión de lambiscones, ni aplaudas ni eches porras. Y si alguien te dice por qué no te sumas a esa legión de incondicionales, respóndeles llanamente: porque tengo dignidad.
Así de simple, así de sencillo, como dice la guapérrima de Montserrat.
No te conviertas en un canchanchán más.
¿Lo prometes...?
¡Ya dijiste.!
Comentarios: emmf24@hotmail.com
Mañana –muy soleada, por cierto-, del viernes 4 de abril del 2008, en Cul.Sin.Mej
El técnico “ideoneo”
No voy a comentar lo que ya veía venir desde hace rato y que aquí mismo dejé en claro. Nadie podrá decirme ahora que me voy a la clásica “cargada” una vez consumados los hechos. Y si por ahí alguien –ya ves que nunca falta un aprontado, o como decimos en el argot taurino “el espontáneo de Córdoba”-, bueno sería recomendarle echara un vistazo al multicitado chorizo de artículos que aparecen en este mismo espacio.
Aclarado el puntacho, proseguiré este texto con otros argumentos, que generosamente me brindan los cuadernos del “Garmendia” a la hora en que les regale mi presencia. Debo agradecer que siempre estén prestos a soltar el comentario sencillo, fácil y gracioso en más de una ocasión.
Sin ir muy lejos, esta mañana, cuando llegaba a concretar mi cita con mi cocinera de cabecera, antes de llegar, Martín, un cuate que gentilmente atiende su carnicería, en cuanto me vio, soltó un estentóreo “¡Chucho Ramírez es el “ideoneo” para suceder a Hugo Sánchez. Sí, señor, Chucho es el “ideoneo”!
Ese fue su saludo y la raza que le escuchó esperaba mi respuesta:
“idóneo, mi buen, idóneo”. Pavi, Chente y compañía soltaron la carcajada y también se sumaron a mis palabras.
Y es que el despido anunciado de Hugo Sánchez como técnico del Tri de mi corazón dio pábulo a que aparecieran críticos y conocedores del balompié meshica al por mayor y todos, no hay uno solo, que no se siente con los conocimientos suficientes para echar su siete de espadas sobre el tema. Hasta aquellos que nunca han pateado un balón, se sienten expertos en la materia. No dudo que les guste el futbol y que tengan sus preferencias por determinada playera profesional, ya sea de nuestro particular balompié o del exterior. Es más, las vistosas playeras que visten, de equipos ya sea meshicas o de otras ligas, me dice que sí, que han visto uno que otro partido, cuando menos, en su vida, nada le hace que sea del América, para el caso es lo mismo., aunque otros, como el Pavi, lo practica y lo puedo afirmar, porque le he visto desempeñarse como portero. Otros me dicen que juegan, pero veo sus físicos y realmente lo dudo, en serio, lo dudo.
En ese panorama de aficionados y futbolistas, el comentario en torno al sucesor del ex niño de oro, surge obligadamente, “¿quién te gusta para técnico del Tri?”
Bueeeeeeeeno, si me pusieran un poco de atención quienes tienen la responsabilidad de contratar al nuevo timonel tricolor, les sugeriría reafirmar en el cargo a Jesús Ramírez, que ya demostró capacidad y es el único técnico campeón del mundo, así sea con una selección menor, lo que por cierto, el bocón de Hugo nunca consiguió ni como jugador ni como técnico. Creo que Chucho ha demostrado capacidad, conocimientos, conocedor del vestuario, aunque se me dirá que es diferente el de los chavos con los mayores, sobre todo porque entre éstos hay muchas estrellitas con los que incluso, Chucho no ha convivido. Eso no es problema, si en verdad los jugadores aplican en los hechos sus dichos: “estamos para apoyar al técnico de la selección, quien sea, el que sea”. Entonces, no veo impedimento alguno para reafirmar a Jesús.
Si los jerarcas del balompié nomás le dieron el cargo interinamente, para estar en el banquillo en el compromiso que el Tri tendrá ante China en Seattle el 26 de este mes, pues qué gachos, porque no parece que se les junten dos neuronas. No sé que hacen en la Federación de Fut tanto Decio como Justino –así se llaman y a mí no me echen la culpa ni me pregunten por qué-, porque no son capaces de aportar soluciones a los dueños del balón, que son quienes les pagan y a los que les deben aligerar la carga –“está bien, corremos a Hugo, ¿a quién nos tienen como prospectos? ¡Queremos que nos den soluciones, no problemas! ¿No nos tienen ni una terna. Entonces qué hacen aquí? ¡Adiós!”
Por eso entonces, vienen luego los arrepentimientos, porque si vieron los rostros de pésame que tenían ambos empleados el lunes último, me darán la razón. Y luego Justino enojase con los chicos de la prensa que lo cuestionaron. ¡Pues claro que tenían que hacerlo! Es más, se quedaron cortos los tundemáquinas. A ellos también debieron darles las gracias por el petardo que pegaron con Hugo y en lugar de aguantar vara, emprendieron las de Villadiego cuando sintieron que las preguntas eran más punzantes. ¿Qué esperaba este par de ineptos del balompié meshica? ¿Qué también los chavos de la prensa pusieran esa cara de dolor por correr al más inepto técnico que ha tenido el Tri de mi corazón? Si en mí estuviera, desde el momento en que sonó el silbatazo final entre Méjico y Haití, les hubiera dado las gracias. Así de fácil. Así de sencillo, como dice la guapérrima de Montserrat.
Bueno, si no es Chucho Ramírez, está Javier Aguirre, actual técnico del Atlético de Madrid, que está por conclui