Por Raquel Avitia González, todos los derechos resevados. Este texto no puede ser reproducido ni total, ni parcialmente en ningúna parte, sin la autorización del autor.
MEMORIAS VIEJAS
¨Siempre debemos tener viejas memorias y
esperanzas jóvenes¨ (Arsene Houssaye)
Aunque lo primordial era educarse, y cumplir todas las tareas que van de la mano con la formación , también era importante el área lúdica en la vida infantil, así que mientras hacíamos la tarea de la escuela después de la comida nos bailaban los pies para salir corriendo a jugar, lo cual después que pasábamos a revisión de los deberes cumplidos nos autorizaban para salir a jugar, por lo que la tarea se hacia precipitadamente por la urgencia de la diversión y como un vértigo de secuencias para realizar los trabajos de la escuela.
Una vez liberados de sus casas los chiquillos de la colonia que era como un coto cerrado, habitada por treinta familias que formaba parte del personal de confianza de la compañía, principalmente matrimonios jóvenes que tenían entre cinco a doce hijos por casa, así que habíamos de todas las edades. Convivíamos mucho en la escuela, juegos, excursiones y paseos, así que nos sabíamos vida y milagros de todos. Nunca se cerraban las puertas de las casas, así que entrabamos a las casas sin tocar solo llamando por el nombre a los amigos, y si no encontrábamos a nadie después de recorrer toda la casa, salíamos al patio trasero en busca de alguien que nos diera razón del compañero de juegos. Éramos como una familia grande. En ocasiones ya nos encontrábamos en los sitios convenidos para los juegos.
Una vez reunida la mayoría de los niños iniciábamos los acuerdos para comenzar. Juntos íbamos aprendiendo de los mayores, y en nuestros primeros juegos estaban las rondas infantiles, tales como –Naranja dulce limón partido…..y así comenzábamos a socializar con el contacto, el saludo, el abrazo , lo cual rompía el hielo , para luego pasar a -La rueda de San Miguel…..y cada uno se volteaba de burro- así iban subiendo de tono los juegos, luego -La víbora de la Mar- donde desconociendo quien era melón o sandia de los que hacían el arco, en secreto cada niño escogía la fruta de su agrado cuando lo atrapaban con los brazos al pasar por debajo del arco, y así iba creciendo la fila detrás de los lideres, y lógico que donde quedaban mas chamacos venia el desenlace final del juego, de donde jalaban con mas fuerza al contrincante. Lógico que en la jalada había empujones, caídas y trompicones, y así crecíamos todos, con codos y rodillas pelados, descalabrados, narices rotas, no había un día en que no trajéramos un raspón o un moretón. Esto no detenía el juego, y seguía la carrera desbocada entre Dona Blanca y el Jicotillo cuando se levantaban los pilares que construían los mismos niños. Luego pasábamos por un ejercicio de control, de equilibrio, respiración y seriedad , pues si nos reíamos perdíamos en las - Estatuas de Marfil- La imaginación volaba con el –Matarile rile ron- al poner los apodos para que le gustara al vendedor y nos vendiera al paje, nos divertíamos y reíamos mucho con los nombre chuscos y las ocurrencias, hasta que dábamos un nombre apropiado y ya nos lo llevábamos, y luego venia el jaloneo. Enseguida nos disponíamos a enfrentar al mal y burlarnos del demonio con – El Patio de mi casa es particular……agáchense que el demonio va a pasar- y el demonio brincando en un pie seleccionaba al próximo demonio, hasta que se acababan los pequeños demonios, que en verdad lo éramos. Y para seguir burlándonos de los lobos venia entonces – Jugaremos en el Huerto mientras que el lobo esta, porque si el lobo aparece enteros nos comerá, ¿Lobo estas ahí?- y se podía prolongar el juego de acuerdo a lo que quería vestir el lobo, porque a la primera pregunta apenas se estaba bañando,! porque era limpio!, y luego se iba vistiendo con toda la calma y poco a poco, lo que lo hacia mas emocionante antes de que se diera la persecución del lobo sobre los chamacos que ya estaban en sus marcas para emprender la carrera. Al que atrapaban era el siguiente lobo, tenia que ser un buen corredor para atrapar a otro, de lo contario seguía como lobo, después de buenos alegatos. Algo parecido era la variedad de este juego, donde cada niño escogía un color secreto, que solo el que contestaba o vendedor de listones lo conocía y decía el comprador---Tan, tan, ¿Quién es?- Soy yo- ¿Qué querías? –un listón- ¿de que color?--- y si lo adivinaba el poseedor del color salía como bala para que no lo alcanzara el comprador de listones y evitar ser el siguiente comprador. Si daba tiempo venían mas juegos antes que salieran las mamas a llamarnos para la cena, y como ante todo era la disciplina, había que acudir de inmediato, llegar corriendo a la casa asearnos y sentarnos a la mesa. Cenábamos con prisa para volver a salir pero a las mujeres no nos dejaban salir hasta recoger la cocina, lavar la loza, secarla y guardarla en su lugar, los hombres se paraban de la mesa salían corriendo y ni el plato recogían, así era la costumbre machista desde chiquitos. Nos apurábamos a cumplir con la encomienda y ya estaban llegando los amigos por nosotros, nos invadía la desesperación por terminar rápido y volver a salir. Eso si antes de salir no faltaba la advertencia , -¡ya saben que si no llegan con la sirena de las 10 de la noche, mañana no salen!- y ni modo de decir no la oímos porque la sirena de la Mina del cambio del tercer turno se oía a kilómetros de distancia era muy ruidosa.
Nos dábamos prisa para seguir con la diversión. Ya con mas años de edad fueron cambiando los juegos, mas bruscos, antes de la cena brincábamos la reata, un excelente ejercicio, ya fuera individual o en grupo, casi nos preparábamos como si fuéramos a ir a competencias, e íbamos desarrollando habilidades, para entrar y salir el lazo en viborita todos en conjunto, entrabamos y salíamos al derecho y al revés, sin fallar, porque la soga era muy gruesa y quemaba ¡de a feo!, mas valía no fallar, brincábamos con doble lazo con facilidad increíble y aguantábamos tiempos record el –chile, tomate y cebolla- También dominábamos el Hulahula que en esos tiempos se puso de moda. Podía pasar horas, en el lazo en las competencias y los que le daban al lazo, casi se dormían de aburrimiento y por más que intentaban hacerme perder, era muy ágil para sortear los retos que me ponían, en fin tenia un muy buen entrenamiento además de ser muy vaga. Por las tarde también jugaba base-ball y soft-ball, porque mis hermanos tenían todo el equipo y varios guantes , pelotas , bate y mascara de cátcher, este era un juego casi para niños y me aceptaban porque no completaban el equipo, y yo feliz porque me colaba , ya que las niñas eran aceptadas con recelo en este juego, mientras las niñas mas tranquilas jugaban a la ‘matatena’, el ‘mamaleche’, la ¨comidita¨ y a las ´¨muñecas, ya cuando no me dejaban me iba a jugar con ellas. Mi padre siempre nos inculcaba la práctica del deporte así que la balanza se inclinaba más a estos juegos, adquiriendo buena condición física lo cual seria la base para la vida futura en la participación de varios deportes. También acuden a mis recuerdos los primeros intentos con la bicicleta y los patines y todos los golpes que me saque en todos los juegos que dejaron huella física en mi cuerpo, como marcas y cicatrices.
Ya por la noche jugábamos a los –Encantados- esto me dejo una cicatriz queloide como de tres centímetros cerca del codo derecho, esto trate de ocultarlo a mi madre , y me lave a presión con la manguera del jardín, para remover el escándalo de la sangre, y sola me cure, pero me delate al día siguiente que era Sábado y tenia que ir a las clases de ballet clásico (eso por darle gusto a mi madre que era muy femenina y quería cosas femeninas para mi, y me decía ¨machete pando¨ porque me estaba desviando de lo que ella quería) A mi también me gustaba la música y el baile, así que disfrutaba, y el profesor Martell venia de la ciudad al pueblo a darnos la clase a varias de mis amigas y a mi, ese día también me llamo la atención, porque no podía hacer mi rutina de ejercicios porque tenia inmovilizado el brazo, pero me fue peor con mi madre.
También jugábamos a ---La Roña—que era una variedad de los Encantados, y los juegos iban aumentando en agresión y dificultad, había que desarrollar mas capacidades físicas, por ejemplo en ---La quemada de hoyo—y en verdad te quemaba el cuerpo la pelota de tenis que usábamos era dura y cuando perdías te ponían de espalda contra la pared y a darle lanzándola con fuerza, sobre todo los que eran peloteros se ensañaban, pierdes cuando acumulas mas piedras en tu hoyo, porque te dan alcance cuando van en persecución el que le toco que cayera la pelota en su hoyo. La distancia de donde te tiraban era como de diez metros pero algunos tramposos se acercaban mas para darte duro. En una ocasión llegaron unos familiares de unos vecinos y venían de la Sierra de un rancho, e invitamos a jugar a uno de los chicos, que ya estaba más grande que nosotros. Cuando estaba en lo mas emocionante estaba oscureciendo y de repente se nos extravió la pelota, ya teníamos como 20 minutos buscándola, hasta que se acerca el chico y pregunta -¿Puej que bujcan?-, que no te has enterado, le dijimos que llevamos veinte minutos ya perdidos del juego buscando la pelota, y entonces el tontolete ranchero pregunta -¿Qué no ej ejta que tengo en la mano?-, casi lo colgamos entre todos y lo agarramos a ´bacha´ limpia, pero lo peor es que también el andaba buscando entre las hierbas junto con todos sin saber que buscaba, hasta que se atrevió a preguntar.
Era muy frecuente utilizar de “home” en nuestros juegos, un hidrante contra incendios que estaba en varias zonas de la colonia, cada 200 metros entre las casas en la calle como de 20 metros de ancho sin pavimento solo con grava, que era donde jugábamos (por eso las caídas traían consecuencias). La característica de esta tubería servía perfectamente para nuestros objetivos, ya que era como de treinta centímetros de salida de agua, cubierta de costales, para evitar que en las bajas temperaturas de la región se reventaran (nunca logramos abrirla cuando nos propusimos intentarlo entre todos, estaba muy dura, y que bueno, de lo contrario quien sabe que hubiese pasado). Esto nos permitía, treparnos, salir corriendo a todas direcciones, estaba al alcance de cualquier otro punto de enlace, y podíamos agacharnos en forma cómoda para jugar al– Sóbale, sóbale, Diablo Panzon …..quien te pico?--, era un acuerdo entre todos quien le tocaba picar la espalda al diablo agachado, y el tenia que enderezarse y adivinar entre toda la chamacada, quien le había picado, a veces se mandaban si es que traían una venganza guardada contra el que estaba a la merced de todos. Era fácil adivinar porque las caras y las actitudes nos delatan, si adivinaba porque a veces el diablo era medio psicólogo, el que había picado en forma despiadada con el dedo índice, le tocaba ponerse de diablo panzón, recibir una sopa de su propio chocolate y aguantar vara, de lo contario, si no adivinaba era una desbandada de correlones, para evitar que lo alcanzara el diablo, porque si así pasaba, seria el siguiente diablo panzón, eso significaba perder. Ahí también era la base para las –Escondidas- y el buscador se agachaba sobre la misma llave enorme de agua, y contaba hasta el numero que elegíamos, si queríamos escondernos lejos hasta el cien, si cerca hasta treinta. Era uno de los juegos favoritos, porque habían niños buenísimos para encontrar escondites, de preferencia era juego de noche para hacerlo mas emocionante, cuando encontraba a alguien gritaba y anunciaba---¡Una, dos , tres por fulanito!----cuando se alejaba del “home” aprovechaban muchos para correr y tocar “home” antes de que lo encontraran, y eso era gran éxito, el no ser descubierto y haber pillado al buscador.
Luego venia el juego para desarrollar la habilidad del salto de distancia y antes de iniciarlo se elegían los lideres, siempre eran los mas grandes, y con ayuda de una moneda iniciaban escogiendo a sus jugadores, y el que primero escogía, seleccionaba a los que sabia eran los mejores en el salto de distancia, lo cual seria el gane de su equipo, o sea llevaba esa ventaja, pero no era seguro, según se desenvolviera el juego y lo mañosos que fueran los contrarios. Al final quedaban los menos afortunados físicamente o los mas chaparritos o mas chicos, ya cuando los escogían, ya resignados decían tu vente pues ¡ya que!, ¡no queda de otra! Para iniciar los jugadores se hincaban lo mas cercanos posibles, sin oportunidad de dejar ver nada al equipo contrario que se hincaba enfrente de igual forma y a una distancia de tres a cuatro metros. Al primer equipo que la moneda lo había favorecido, con una piedra pequeña en la mano el conductor del equipo, iniciaba agachado recorriendo la hilera de niños hincados, simulando que dejaba la piedra y actuando se detenía, para engañar a los otros donde la dejaba, y sin dejar de cantar—El Floron esta en la mano y en la mano se ha de hallar, salta la china quien lo tendrá y el que la tenga me la dará----y ahí venia el trabajo en equipo de los contarios para definir a quien escoger, de acuerdo a quien tenia la piedra, por fin de varios acuerdos, decían ¡Fulano! Si adivinaban, pasaba el turno para ellos, en caso de no adivinar, salía mostrando quien tenia la piedra que era el primer saltador de distancia desde la señal y rumbo a una meta acordada, quien llegara primero seria el ganador. En el inter había sus trampas, a veces alguien fuera del juego se paseaba por atrás de los jugadores y era el soplón del contrario o cuando adivinaban si el que la tenia era tramposo, se la pasaba disimuladamente según su pericia al vecino, a veces en el intento se le caía, o a propósito la tiraba y el de enseguida decía que se le había caído, se hacían unas buenas alegatos, pero nos divertíamos mucho, y de ahí salían los que serian saltadores de distancia en las competencias escolares. De todas formas ya todos teníamos identificados a los que hacían trampas o que no sabían perder, así que entre todos los corregíamos y no nos dejábamos, aunque a veces se salían con la suya.
También uno de los juegos mas arriesgados por los golpes era el –Chinchilagua- lo jugábamos niños y niñas, y siempre se ponían dos burros para saltar arriba de ellos y eran los mas grandes y fuertes. Todos teníamos la habilidad de pegar buenos saltos hasta formar madejas humanas uno sobre otros, a veces aguantábamos mucho con la pirámide humana, pero siempre había algún vivo que le gustaba movernos para tirarnos, y alla vamos a dar al suelo, dándonos buenos porrazos, de repente alguien salía mas lastimado y llorando.
Cuando se estaba haciendo mas noche ya teníamos visto el césped mas mullidito para el siguiente juego de levitación del –Vivo y el Muerto- por lo general salía un voluntario que quería ser el muerto, e inmediatamente se acostaba tendido boca arriba en el pasto y cerraba los ojos y ya sabia que tenia que relajarse, aunque de todas formas el rito del juego era que el Vivo, quien era seleccionado por todos, hacia el papel de conductor para ayudarle a relajarse, hablándole al oído, ya que terminaba este paso, se hincaba junto con los demás que rodeábamos el cuerpo del niño, y ahí iniciaba el secreteo, y cada mensaje tenia que dar la vuelta hasta el Vivo quien lanzaba el primer mensaje- ¡Aquí hay un muerto!- y todos repetíamos la frase en el oído de quien estaba a la izquierda porque seguíamos el movimiento de las manecillas del reloj, luego se iba pasando la voz -¡Tan pesado como plomo!- y ahí iba el mensaje, luego-¡Tan ligero como pluma!-, nuevamente circulaba el mensaje, -¡Lo levantaremos!- y cuando terminaba el ultimo mensaje y llegaba al Vivo, entonces con una señal, nos indicaba que debíamos meter los dedos índices debajo del muerto apenas tocándolo, ya que estábamos listos nos enviaba otra señal para levantar al muerto, lo cual lo hacíamos con facilidad pues no pesaba nada, ya que lo levantábamos con los dedos índices, poco a poco nos íbamos incorporando porque todavía podíamos levitarlo mas, ya cuando rebasaba nuestras cabezas, no faltaba el latoso que soltaba la carcajada por la emoción de que no pesaba nada o de ver al amigo casi flotando, lo desconcentrábamos y allá iba a dar el muerto de golpe y porrazo al suelo, lo bueno que era pasto pero de todas formas era buen costalazo. A mi me toco darme buenos trancazos porque me despertaba por las risas cuando me tenían levitando, y ahí estaba la diversión, porque la levitación era de los mas normal para los niños. Todos teníamos la capacidad de hacerla de muerto y de vivo, y sabíamos como ayudar a la relajación, y no sentíamos miedo.
Temor sentíamos cuando después de los juegos nos poníamos a contar historias de aparecidos, que La llorona, La Mano Peluda, Fantasmas, Espíritus Chocarreros y muchas leyendas de terror y misterio. Al final los mas grandes tenían que acompañarme a mi casa, pues veía aparecidos por todos lados, y el movimiento de los encinos y los pinos con el viento lo hacían mas tétrico, pero sumado al temor de que me castigaran porque ya estaba sonando la sirena de las diez de la noche, eso me hacia correr como enajenada a la casa. Al mismo tiempo iban llegando todos los hermanos pues la regla era para todos, aunque cada quien se divertía con lo suyo, según la edad. Al pasar por la recamara de mis padre estaba a oscuras, y veíamos a lo lejos la lucecita del cigarro prendido de mi papa, que lo apagaba cuando nos escuchaba entrar a todos sus hijos, ya podíamos estar tranquilos nadie había corrido el riesgo que al día siguiente lo castigaran por no respetar las reglas del horario, y no poder salir con los amigos. Para dormir tranquila le rezaba a todos los santos que tenia colgados en la casa mi mama, por eso de las historias de aparecidos, y ya con el cansancio y la paz dentro de mi alma, reconciliaba el sueño.
“Los niños no tienen pasado ni futuro por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros” (La Bruyere)